Acústica del piano

Analizando los factores que influyen en la acústica del piano

Todo pianista debe conocer el piano a la perfección. Solo dominando las características físicas, el proceso constructivo y la acústica del piano, podremos desarrollar el control de la sonoridad, tan necesario para un músico profesional. Esto nos permitirá desarrollar una mejor técnica, precisión en la ejecución y lograr un elevado nivel de conciencia y autopercepción mientras tocamos.

Acústica del piano.

Como todos sabemos, el piano es un instrumento en el que el sonido se produce cuando los macillos golpean las cuerdas. Por tanto estamos hablando directamente de percusión. De forma indirecta, estamos confirmando que no controlamos directamente ese sonido ni podemos hacer nada con él una vez se produjo esa percusión.

Por otro lado, todo sonido es vibración. En este caso, las vibraciones se producen cuando el macillo que golpeó las cuerdas, retrocede y las deja libres, vibrando (y por lo tanto sonando).

En todo este proceso que a simple vista puede parecer sencillo, hay una serie de parámetros y variables que entrarán en juego a la hora de definir qué tipo de sonido se escuchará y las características de ese sonido. Los que más influyen son:

La velocidad con la que el macillo golpea la cuerda: Es algo bastante lógico pero que depende de más elementos que los que solemos pensar. Aquí no influye solo la fuerza o la rapidez con la que pulsamos la tecla (factor humano) sino también otros elementos que los pianistas no podemos controlar como por ejemplo, la posición y el peso de los macillos.

Además, ese sonido que producimos al pulsar la tecla (más fuerte cuanto más fuerte y rápido apretemos) y el macillo golpear las cuerdas y separarse de ellas para dejarlas vibrar, se verá expandido y ampliado al llegar las vibraciones a la tabla armónica, que como explicamos en esta entrada, actúa de amplificador. Ese efecto de amplificación no implica solo un aumento del volumen, sino que actúa directamente enriqueciéndolo, gracias a la acumulación de armónicos, que se generan con las llamadas vibraciones por simpatía. Es decir, cuerdas que no fueron percutidas, pero que vibran por causa de la vibración que provoca la cuerda que sí fue golpeada. Este efecto también se conoce como ondas concomitantes y es justamente lo que hace que el sonido sea más/menos rico y definido.

Pero esta producción del sonido por medio de una percusión tiene una traba principal: el sonido tarda X tiempo en apagarse. Esto no es algo que el pianista pueda controlar como pueden hacer otros músicos, como por ejemplo en la batería. En el piano, el sonido se va apagando progresivamente, a su propio ritmo natural. Precisamente por esto, y tratando de ser capaces de manipular la extinción del sonido, en el piano se inventaron los apagadores y para lograr justo el efecto contrario, el pedal de resonancia y en el caso de algunos modelos de piano que son muy poco comunes, el pedal tonal.

Otra gran limitación que nos provoca el piano como músicos es que, al ser un sonido provocado por una percusión, el pianista solo controla el ataque de la tecla. Sin embargo, no puede hacer nada con el sonido de esa nota una vez que ya presionó dicha tecla. Es decir, una vez que accionamos la tecla y se emitió el sonido, no podemos hacer crescendos, diminuendos, efectos como el portamento o el vibrato que sí pueden realizar otros instrumentos, etc.

Componentes del sonido y sus condicionantes en el piano.

Similar a las variables del apartado anterior, ahora veremos cómo determinados elementos del piano influyen directamente en el tipo de sonido que obtenemos y su calidad. Estos parámetros son:

La altura del sonido:

Este parámetro vine definido por la frecuencia de vibración. Es decir, es el número de vibraciones por segundo que producen un sonido. En el piano, este factor está directamente condicionado por la longitud, la tensón y el grosor de las cuerdas. En menor medida, aquí también influye el número de cuerdas adjudicado a cada nota. Como sabemos, en el piano para los sonidos agudos hay 3 cuerdas por tecla/nota, en el registro medio-grave hay dos y en los graves del piano tenemos una sola cuerda, en este caso entorchada. Las diferencias en los materiales y la composición de las cuerdas, también influyen.

Todo esto significa que tanto la afinación como la altura del sonido es algo externo al factor humano y que los pianistas no podemos hacer nada para controlarlo mientras tocamos.

El timbre:

El timbre es la característica acústica que le proporciona identidad al sonido. Es decir, es lo que hace que un violín suene diferente que una trompeta, o que un determinado piano tenga ese sonido especial que lo diferencia de otro modelo de otra marca.

Esto se logra a partir de los sonidos armónicos, su distribución y su expansión. En el caso de los pianos, juega un papel fundamental la tabla armónica, pero también influyen el estado de los macillos, la calidad de las cuerdas y la forma de tocar que tenga el pianista.

Actualmente el tema del cordal tiene menos importancia, ya que es algo bastante estandarizado. La colocación de los puentes, el cruce de las cuerdas… no existen diferencias notables de un modelo de piano a otro o de una marca a otra, por lo que no es algo que cambie de manera drástica el sonido. Incluso esto es lo que ocasiona que en un mismo piano no existan diferencias tímbricas muy marcadas entre un registro y otro, como sí sucede en otros instrumentos musicales.

Como intérpretes, el tipo de ataque que utilicemos puede influir en el timbre. Pero desde el siglo pasado, gracias a la innovación de compositores como George Crumb, hay una manera más directa para manipular el timbre y también el sonido en general.

Estos compositores crearon una forma de tocar el piano. Ahora el pianista ya no solo presiona las teclas. También se golpea la madera o se manipulan directamente las cuerdas. Esto puede ser frotándolas con la yema del dedo, punteándolas, etc. y cambia severamente el timbre.

La intensidad del sonido:

La intensidad es un parámetro que surge como resultado de la amplitud de onda. En el piano guarda relación directa con la velocidad que alcanza el macillo a la hora de golpear las cuerdas.

Esta velocidad está condicionada por determinados materiales del piano, pero sobre todo, por la fuerza y rapidez con la que pulsamos la tecla. Recordemos que la tecla es en realidad una palanca que activa unos engranajes y mecanismos que accionan los macillos. Cuanto más fuerte y rápidamente se pulse el extremo de esa palanca (tecla), más intenso será lanzado el objeto que está al otro lado de esa palanca, que en este caso es el macillo contra la cuerda (efecto balancín).

La duración:

El sonido no es algo que pueda prolongarse indefinidamente. Por naturaleza tiende a extinguirse y, en el caso del piano, esto tiene que ver directamente con su mecánica. Siempre que el apagador no alcance la cuerda o cuerdas, el sonido va a continuar prolongándose. Pero como sabemos, esto tiene un tiempo limitado, ya que una vez que apretamos la tecla, dejamos de poder hacer nada para controlarlo.

Lo único que se puede hacer para tener cierto poder sobre la duración del sonido, es lo mismo que dijimos en el apartado de la intensidad.

No obstante, recordemos que con los pedales del piano podemos variar la duración, pero siempre será una manera «artificial» y condicionada a la función de cada pedal y cómo se utilice.

Bibliografía.

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