Clara Haskil

Clara Haskil: la dama europea del piano

La vida de Clara Haskil es plena historia europea del Siglo XX. Una de estas personas con un destino trágico, marcado por su enfermedad física y por la gran enfermedad que se extendió por Europa durante la II Guerra Mundial. Sin embargo, nada de esto pudo acabar con su genio ni le impidió impresionar a los salones de media Europa con su manera de tocar.

Una vida marcada por el dolor.

Clara Haskil nació en Bucarest (Rumanía) en el seno de una familia sefardí. Con solo 10 años se trasladó a París donde comenzó a estudiar con Joseph Morpain (alumno de Fauré). A los 15 años se le diagnosticó una escoliosis que la marcaría de por vida, aunque eso no le impidió graduarse con esa edad con un Primer Premio en piano y violín.

Tras graduarse, inició una gira por Europa que se vio truncada por sus problemas de salud.

Estos problemas marcarían el resto de su vida y, junto con un fuerte pánico escénico que comenzó años más tarde y la situación en Europa, hicieron que la mayor parte de su vida la pasase en situación de pobreza.

En el 36 conoce al pianista y compatriota Dinu Lipatti, con quien establecería una amistad que duro toda su vida. Cuatro años más tarde, su salud recibiría un duro golpe al descubrirse que sufría un tumor cerebral. Por suerte, el tumor pudo ser expulsado.

Pero los problemas no acabaron ahí para Clara Haskil. Con el inicio de la II Guerra Mundial, tuvo que emigrar a suiza, país neutral que recibiría gran cantidad de artistas, muchos de ellos judíos como Clara.

Tras la guerra, por fin le llegó el reconocimiento que merecía. En 1949 inició una gira por Holanda que le reportó mucho éxito. En el 50, formó un dúo con el violinista Arthur Grumiaux, con quien tiene las grabaciones más célebres de su carrera.

En 1951, por fin pudo volver a actuar en París con el reconocimiento que se merece.

El repertorio de Clara

Los problemas de salud, no solo marcaron la vida de Clara Haskil, también definieron su aspecto y su manera de tocar. Escuchándola, puede percibirse el dolor de un genio que no puede escapar del sufrimiento.

Al principio, basaba su repertorio en los compositores románticos, siendo la primera en ejecutar las 3 sonatas de Chopin.

Poco a poco fue incorporando otros compositores a su repertorio. Destacan sus curiosas interpretaciones de Scarlatti, tan de moda entre otros pianistas contemporáneos. Con su compañero, el violinista Arthur Grumiaux, destacan sus grabaciones de las sonatas para violín y piano de Beethoven.

Pero si un compositor con el que destacó Clara Haskil, este es Mozart. Sus interpretaciones son tremendamente modernas para la época, con un Mozart leve y hondo a su vez, fruto de la extraña combinación de un compositor alegre, interpretado por una mujer que sufre.

Si todavía no conoces a Clara Haskil, aquí tienes una grabación suya para que puedas escucharla.

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