Alice Herz-Sommer

Alice Herz-Sommer: la pianista que, con su música, sobrevivió a los nazis.

Alice Herz-Sommer murió tranquila, en un pequeño piso de Londres, el 23 de agosto de 2014, a los 110 años de edad. Pocas vidas han sido tan inspiradoras como la suya.

Por su origen judío, primero se vio obligada a trasladarse a vivir al gueto de Praga, para luego ser deportada por los nazis al campo de concentración de Terezín junto con su esposo y su pequeño hijo. Allí sobrevivió varios años, hasta que el campo fue liberado.

Este hecho traumático marcó la vida de todas las personas que tuvieron que sufrir esta pesadilla, pero no consiguió acabar con la actitud positiva de Alice, que no permitió que ni el miedo ni el odio marcasen el resto de su vida.

Alice Herz-Sommer pudo sobrevivir tanto tiempo en el campo de concentración gracias a que trabajaba como pianista en la banda del campo de concentración, uno de los trabajos menos duros que se podía tener allí. En el campo se dedicó al piano por completo, llegando a interpretar de memoria los 24 Estudios para piano de Chopin.

Si te preguntas de dónde sacaba las fuerzas y el ánimo para tocar, ella misma ofreció la respuesta en un reportaje que le hicieron hace años: “Apenas nos dieron comida en Theresienstadt. Perdimos peso. Buscábamos cáscaras de patata mientras la gente moría de hambre a nuestro alrededor. La gente pregunta: «¿Cómo puedes hacer música?» Estábamos muy débiles. Pero la música era especial, como un hechizo. La música era mi comida. Había excelentes músicos allí en la orquesta del campamento, realmente excelente. Violinistas, violonchelistas, cantantes, directores y compositores».

Su esposo no corrió la misma suerte. A él lo trasladaron de este campo al de Auschwitz, donde fue asesinado junto con casi toda su familia, todo un linaje de músicos. Él era un prestigioso violinista y su madre Sofie Herz, incluso había sido muy amiga de Mahler. Ella pereció en una de las masacres del campo de exterminio de Treblinka.

El hijo de Alice, por sus dotes para la música, corrió una suerte similar a la suya y participaba en una especie de ópera infantil que tenían para demostrar «normalidad» ante las inspecciones y visitas de la Cruz Roja. Gracias a esto, fue uno de los 180 niños no asesinados de los 15000 que entraron en este campo.

Ninguna guerra ni ningún holocausto pudo separar a Alice del piano. Antes de la guerra estudiaba en la prestigiosa Escuela Alemana de música de Praga, donde además fue la alumna más joven en asistir a la Clase Magistral. Durante la guerra tocó en la banda del campo de concentración y, tras la guerra, continuó tocando toda su vida, primero en Israel (a donde emigró tras la liberación del campo de concentración) y luego en Londres, a donde se mudó para apoyar la carrera de violonchelista de su hijo.

Antes de su muerte, llegó a ser la pianista en activo más vieja del mundo y la superviviente del holocausto más longeva. Tras su liberación, continuó tocando unas tres horas diarias y sus obras preferidas eran de los compositores Schubert, Smetana y Beethoven, a quienes tocaba a la manera en la que su maestro, el gran Schnabel, se lo había enseñado.

Cabe señalar que antes de ser alumna de Schnabel, ya lo había sido de otro prestigioso pianista, Conrad Ansorge, uno de los más prestigiosos discípulos de Liszt.

Dos frases suyas definen mejor que nadie su actitud ante la vida y su manera de superar el trauma del holocausto:

«El mal no es algo nuevo en el mundo. Depende de nosotros decidir cómo respondemos a lo bueno y lo malo. Nadie puede quitarnos ese poder»

Sobre su llegada al campo de concentración: «Pensé, si hay música, no puede ser tan malo»

Hace poco se publicó el documental sobre su vida: Lady in number 6, del que dejamos el trailer.

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