Entrevista a Javier Vázquez Grela

Hoy en Maldito Piano tenemos una visita muy especial, ya que vamos a entrevistar a uno de los mejores pianistas acompañantes de nuestros conservatorios y que a la vez tiene una amplia trayectoria internacional como pianista, actuando principalmente en México, Japón y Europa.

Cris: Muy buenas tardes Javier y muchas gracias por aceptar la invitación. Como decíamos en la introducción, dos países en los que has tocado repetidas veces son México y Japón. ¿Nos podrías comenzar hablando de tu experiencia en Tokio? Tus vivencias como intérprete, la acogida que has tenido…

Javier: Sí. Pues me voy la semana que viene otra vez.

Cris: ¿mismo proyecto o cambia?

Javier: No, es lo mismo. El mismo proyecto.

Y la experiencia, a nivel pianístico es muy interesante porque es gente que no te conoce de nada y que tú vas a otro sitio en el que realmente lo valoran y como digo yo, da un poco igual lo que les lleves porque ellos tienen interés por todo. Es un país que hasta mediados del siglo XIX estuvo un poco aislado y entonces claro, ahora están abiertos a todo y todo les interesa. Si llevas Beethoven les interesa Beethoven, si llevas Mozart les interesa Mozart, Albéniz… Les interesa todo. Yo he tocado música allí por ejemplo de la Asociación de Compositores de aquí,  gallega…

Cris: Sí, lo he visto que tocaste música de Andrés Gaos, Rogelio Groba…

Javier: Sí, eso fue en el Centro Cervantes pero este año no toco en el Centro Cervantes pero sí que es interesantísimo y la gente se queda muy sorprendida. De hecho hay gente matriculada en Euskera en el Instituto Cervantes. En gallego no porque aún no lo tenían pero había dos japoneses matriculados en Euskera.

Y entonces claro, pianísticamente es muy interesante porque en un auditorio donde se escucha sin prejuicios… Eso se nota y me ha pasado con el público japonés y también con el mexicano,  que se nota que es un público que escucha y sin prejuicios. Quizás a lo mejor por lo que te estoy contando de este aislamiento en el que han estado y que ahora están abiertos a todo y sobre todo lo español les parece una cosa fascinante. Entonces, creo que es por eso, pero bueno, ya es cultural y ya sale de ellos, ese respeto, ese decir pues viene una persona de España, vamos a escucharla… En ese aspecto me he sentido muy bien y en todos los aspectos también.  Y no he sido el único. Conozco más gente que ha ido a Japón  y que han sentido lo mismo.

Cris: Ahora pasemos a México. ¿Qué tal han sido tus experiencias allí?

Javier: Con México muy bien. He tocado en muchos sitios de México, en muchísimos, y siempre la acogida ha sido muy buena y es un público muy cálido y que también escucha sin prejuicios. He tocado en sitios allí que yo creo que era la primera vez que algunos escuchaban alguna cosa de Chopin. Y lo digo con todo el respeto y con todo el cariño eh. Yo he tocado en alguna pequeña ciudad en la que han tenido que alquilar un piano porque no tenían y luego la gente… tú llegas al auditorio abarrotado de gente escuchando en silencio una polonesa de Chopin o una sonata de Mozart, y escuchan y tú oyes que escuchan todo y sabes que aquello nunca se ha escuchado allí y entonces claro, es un choque tan brutal culturalmente… Porque tú tocas aquí y todo el mundo conoce las sonatas de Beethoven, o debería, todo el mundo conoce las sonatas de Mozart… tú tocas una sonata de Mozart, tocas una sonata de Schubert y más o menos todo el mundo sabe por dónde van los tiros, pero tocar conscientemente para gente que sabes que están escuchando eso por primera vez realmente es una experiencia ya no pianística, sino incluso humanística y muy intensa, y entonces eso en México me ha pasado en muchos sitios. No digo en todos, pero sí en muchos. Y luego, lo que tienen allí un poco en adoración es la disciplina de los horarios, quizás lo que sobra en Japón falta aquí. Pero al margen de eso, tremendo. He tocado cosas allí que incluso una vez tocando la sonata Hammerklavier de Beethoven, que es una sonata larguísima, dura unos 50 minutos, yo lo avisé y la expliqué un poco, porque además les gusta mucho que tú expliques las cosas, y avisé que duraba 50 minutos y que si alguien quería irse, o que no la conocía y se aburría, que por favor se fueran y no se sintieran obligados. Y nadie se fue. Todos se quedaron y eso que es una sonata muy dura de escuchar y de tocar mucho más dura. Y entonces tú con eso, si dices que si  de 50 personas que había escuchando esto, 3 llegan a casa mañana y dicen bueno, voy  a escuchar aquello que tocó aquel chico, y lo pone en el YouTube y… bueno, porque al final uno sabe cuando el auditorio conecta contigo, es difícil, pero a lo mejor habrá una o dos personas que al llegar a casa escucharon eso. Y ahora hay mucho acceso, que no es como antes que tenían que ir a un sitio a comprarse el disco… pero ahora lo pones en el ordenador y ya lo escuchas e incluso se pueden comparar versiones y eso a nivel cultural me parece interesante porque eso forma parte del hecho cultural, es cultura, y en estos dos países ese hecho cultural aún no está todavía pervertido en ese aspecto, y de eso que Japón tecnológicamente está muy por delante de nosotros, pero no está pervertido ese hecho cultural y entonces la gente viene un poco digamos “no virgen” a escuchar las cosas pero sí con mucha predisposición, y eso claro, en el caso de México, en sitios donde nunca han escuchado ciertas cosas, en el fondo es una responsabilidad porque también dices bueno, les gustará o no les gustará, y cosas que en otros sitios no te preocupan tanto.

Y efectivamente, las preocupaciones cambian de unos lugares a otros. Me pasó por ejemplo hace años en el centro Liszt, que es de los pocos sitios en los que he salido realmente tenso a tocar. Y por el sitio. Por el sitio que era, porque tú estás tocando en una sala en la que Liszt dio clase… Pero al final fue todo muy bien por la gente.

Y he tocado en Francia y notas otra cosa, y en España también notas otra cosa. En Francia y en España notas algo como no de hostilidad pero sí de que no hay feedback y en cambio en otros sitios como Hungría sí lo hay.

Cris: Ahora nos gustaría conocer tu perspectiva como profesor o como pianista acompañante. ¿Qué aspectos consideras más importantes para ser un buen pianista o en cuales te centras a la hora de trabajar con los alumnos?

Javier: Bueno, yo en primer lugar no doy clase de piano porque soy pianista acompañante y por una cuestión en principio de azar y de que me saqué la oposición de pianista acompañante.

Me había formado por libre como pianista acompañante porque no había un camino y realmente sigue sin haberlo. Porque o tocas el piano para dar clases de piano y das clases, o de pianista acompañante te pones porque te toca, para buena o mala suerte.

Entonces primero, ¿Qué es ser un buen pianista? Porque todo depende de dónde quieras tú poner la meta y lo que tú quieras hacer. Si quieres, para ser un pianista bueno, pues hay que trabajar muchísimo, hacer muchos ejercicios técnicos y hay que fortalecer las manos un poco porque en las manos apenas tenemos músculos. Hay gente que lo de muscular lo entiende de otra manera y van por la rama de los gimnasios y eso no tiene nada que ver porque ves por ejemplo a Claudio Arrau, que era un señor bajito, o el caso de Achúcarro que es un señor que no está musculado y que saca un sonido del piano impresionante…

Cris: Pero en cambio, entrevistamos a Achúcarro hace como mes y medio, cuando vino a tocar con la Sinfónica en A Coruña, y él efectivamente nos dijo que sí que necesitó fortalecer mucho las manos para poder dedicarse a ser concertista.

Javier: Claro, porque las manos tienen muy poco músculo y entonces al final, dependes de las manos que te toquen, pero también tienes que hacer ejercicios, estirar… y es verdad. Luego en cuanto a músculos como los de los brazos, lo que usas realmente es el peso de tu cuerpo, la llamada técnica del peso, y que yo creo que el que mejor lo ejemplifica o representa es Claudio Arrau. Para mí él es el pianista que mejor ha entendido realmente lo que es la técnica pianística y luego es una persona que cumple a la perfección el aprovechamiento del peso del cuerpo y es muy inteligente lo que hace. Y eso es una clase que por ejemplo yo no he tenido cuando estudiaba y ahora tú puedes ver los vídeos y darte cuenta de estos detalles.

Entonces, yo lo que diría a alumnos es eso, que lo que hay que hacer es trabajar, estudiar… es un poco todo porque no hay realmente una fórmula mágica. Hay gente que está toda la vida y no lo consigue pero sí que como decía Beethoven, si las musas existen pues que me pillen trabajando, y al final te pillan. Porque además lo que es el hecho de tocar el piano es relativamente fácil, es sencillo hacerlo sonar. El problema es hacer música y ahí es donde entra la otra parte. Ya no es solo la parte técnica. Ahora se nos une el hacer música y transmitir, y eso se logra leyendo, estudiando, teniendo cultura, una mente abierta a la música no solo clásica sino también a la del siglo XX… Yo por ejemplo, saco muchas cosas de ahí también. Del rock, pop… Y mis compañeros se quedan muy sorprendidos, pero es verdad. Yo saco mucha información de ahí porque uno no puede negar que es hijo de su tiempo y yo en los años 80 escuchaba mucha música pop y rock, muchísima. Desde The Who hasta los Beatles… todo. Y también leía mucho, y al final ese poso te va quedando y va configurando una serie de códigos en tu cabeza que luego tú aplicas a la hora de tocar el piano en el repertorio clásico, pero lo puedes aplicar también en otro repertorio o instrumento. Hay muchas similitudes entre los distintos tipos de música y se puede aprender a tocar Beethoven escuchando a Janis Joplin y se puede aprender algo de Janis Joplin escuchando Beethoven. No son cosas excluyentes, lo que pasa que vivimos en un mundo en el que al final parece que todo está separado  y dividido, cuando realmente no es así.

Cris: ¿Crees que la técnica es necesaria para poder tocar cualquier estilo musical?

Javier: A ver, es verdad que hay algunos aspectos de la música para los que técnicamente no se necesita tanto bagaje, es verdad, y lo digo con todo el respeto. Pero por ejemplo, para tocar una canción de Elton John (que ojo, me gusta mucho, sobre todo su primera etapa) realmente no necesitas mucha técnica ni hacer muchas escalas.

Y ése es un aspecto, pero luego a nivel de tocar bien Jazz o enfrentar una partitura de música clásica, sí tienes que conocer técnicamente una serie de movimientos que hay que saber aplicar en el teclado, y aún así conociéndolos, suele ser difícil y te equivocas. Pero sí que la técnica es fundamental.

Pero realmente son cosas diferentes. Hay casos en la historia como Keith Jarrett o Corea que te graban el Clave Bien Temperado de Bach o los Preludios y Fugas de Shostakovich y las grabaciones están incluso mejor que las de algunos pianistas clásicos.

Y luego también hay gente que piensa que la técnica está en las obras, y no es verdad. Yo creo que no, que la técnica no está en las obras porque tú no puedes esperar a encontrar una escala en una sonata de Mozart para aprenderte una escala. Y hay gente que piensa que sí. Y yo creo que el tema mecánico y técnico hay que verlo a parte de las obras y hay que hacer ejercicios, escalas, arpegios, fortalecer las manos, etc. porque todo eso yo creo que no está en las obras. Es más, dentro un problema técnico como pueden ser las octavas, pues es diferente tocar las octavas en Liszt que tocar las octavas en Brahms, y es muy diferente porque ya parten de conceptos diferentes. En Liszt son octavas brillantes y en Brahms es una cuestión de voces y de sonido. Es diferente el concepto, la idea y es diferente el ataque. Y tú tienes que estar preparado para enfrentarte a los distintos problemas técnicos y no esperar a las obras, porque si fuese así de fácil todo el mundo empezaría tocando obras difíciles y no es tan fácil.

Daniel Barenboim en su libro Mi vida en la música, dice esto mismo pero lo dice al revés. Él dice que aprendió con su padre y que para aprender a hacer escalas le mandó aprenderse conciertos de Mozart. Le ponía conciertos de Mozart para que aprendiese a tocar escalas. Y no es lo que yo pienso, porque claro, te tienen que explicar cómo se hacen. Y hay muchos otros buenísimos pianistas que te dicen esto mismo de que hay que hacer ejercicios, estudiar la técnica, y luego pasar a otra cosa, como las obras.

Cris: Pues hablando de pasar, ¿Consideras necesario/imprescindible pasar por el conservatorio para ser buen intérprete?

Javier: Para ser buen intérprete no. Hay casos a lo largo de la historia que nos han mostrado que no. En cambio, el conservatorio, para estudiar un instrumento sí lo considero en cierta manera necesario y yo lo hice. Y si tienes la suerte de que lo haces con un buen profesor, que esa es otra, es muy formativo y muy bueno. Pero para ser un intérprete creo que no porque al conservatorio tú vas para recibir información y luego tú haces el uso que quieras con ella.

Pero pensando en hacer carrera como solista, no tienes por qué incluirte en ese pack de los conservatorios. Ha habido grandes pianistas que habían dejado el conservatorio a mitad de sus estudios, o el caso de Richter que empezó tarde e incluso lo expulsaron… Hay pianistas en los que su paso por el conservatorio fue totalmente anecdótico y entonces yo creo que no es necesario. Pero también hay muchos casos que sí que han pasado. De hecho, la tendencia ahora es a pasar por el conservatorio. Las últimas generaciones de intérpretes que hay ahora, como Lang Lang o Yuja Wang… ya son producto de escuelas de conservatorio y que además parece que es necesario que sean de cierto renombre, como decir estudié en la Juilliard, u otros sitios de gran prestigio, que otros pianistas de antaño no hicieron, pero que parece que ahora sí hay que hacerlo.

Cris: La pregunta que venía a continuación ya casi la contestamos antes, y era si consideras que hay estilos musicales que son mejores/peores que otros.

Javier: Yo no lo creo. Yo creo que hay cosas que te gustan y luego hay cosas que no te gustan tanto, pero no creo que haya estilos  musicales mejores que otros.  A mí por ejemplo el flamenco no me gusta, o más bien no me interesa y el jazz tampoco me interesa tanto, pero tengo que reconocer que son dos disciplinas y que en el caso del flamenco en concreto, es parte del patrimonio de la humanidad y eso no es una cosa baladí. Simplemente es un lenguaje que no me interesa y por eso no lo escucho, pero no le quito su dificultad o su vertiente artística, que la hay, y ha habido y hay grandes intérpretes de flamenco, como Camarón que llenaba el teatro Olympia de París.

Lo que sí hay, y lo veo entre algunos compañeros de profesión, es cierta tendencia al elitismo y yo creo que mal entendido. Creo que a veces algunas personas confunden la complejidad de la música clásica con otras cosas y con estar por encima de otras cosas. Yo no creo que Beethoven cuando compusiese una sonata pensase en estas cosas ni Mozart tampoco. No lo creo. Yo, como ser humano creo que el arte forma parte de un legado que es inherente a la humanidad, pero luego, estas consideraciones son apropiaciones de una élite o de algo así que se siguen apropiando de todas estas cosas y esto es un poco lo que marca las diferencias, pero yo no creo que sean mejores y perores, y escucho igual de agradablemente un disco de rock que de otra cosa y es más, en este nivel de mi vida, estoy escuchando mucha más música rock que clásica. Quizás porque la clásica ya la escuché ya toda la que tenía que escuchar. Entonces, de piano, consulto. Por ejemplo, ahora estoy mirando unas obras de Rodrigo para tocar quizás para el año que viene, y entonces consulto versiones y comparas cómo lo tocan unos u otros, pero realmente ahora yo lo utilizo así.

Estaba pensando que hay un libro maravilloso de Mozart que se titula 1791, el último año de Mozart, de Landon Robbins, que dice una frase en un momento dado, cuando su mujer se va al balneario, él le escribe en una carta que ha venido Michael Puchberg, que era al que le pedía el dinero, y hemos estado hablando y después se ha ido, y como me aburría, he compuesto un aria de la Flauta Mágica. Y yo creo que ahí está todo, en que como me aburría, he compuesto un aria de La Flauta Mágica. Quizás una de las óperas más importantes de la historia de la humanidad, y él se aburría y compone ese aria. Eso nos indica realmente el nivel y la información, es realmente el termómetro de todo esto. Que luego haya personas que piensen que todo es más profundo, que todo es más elevado… Pero me parece que dividir y considerar que están a distintos niveles es un error. Yo creo que hay canciones de Bob Dylan o Bruce Springsteen o de Sabina que te pueden transportar igual y ser igual de elevadas y sin necesidad de tanta historia. Y creo que es un error porque al fin y al cabo es música.

Y se tiende a elevarlos y Schubert, por ejemplo era hijo de un tendero.

Cris: Exacto, yo por ejemplo leí hace unos días, un libro que se titula Los Clásicos También Pecan, y hablan justo de la idealización que se tiene de los grandes compositores y que realmente si te paras a leer las cartas y los escritos que quedan y ves que para nada es como la gente los tiene.

Javier: Claro. Yo por ejemplo, hace poco me leí una biografía de Beethoven completísima, de mil y pico páginas, de la editorial Acantilado, por si la queréis leer, y bueno, al leerla te das cuenta de lo mezquino que era Beethoven y la mala idea que tenía para algunas cosas.

Cris: Claro, como en los Cuadernos de Conversación, donde también se dejan ver muchos detalles sorprendentes.

Javier: Claro, si el sobrino casi se suicida por su culpa y bueno, una serie de cosas rocambolescas, que luego no cuadra con esa profundidad que algunos tratan de dar a las cosas. O el caso de Wagner que decía muchas tonterías y tenía unas opiniones, que bueno, vamos a dejarlo, pero que luego te creaba un universo musical que tú decías ¿cómo ha podido salir de la cabeza de un tipo así? Y es así. Y por eso yo creo que las cosas hay que verlas en el contexto. Yo creo que ahora todo se ha mitificado y cuando vas a los conciertos de música hay una cosa casi religiosa de decir Beethoven sssh y silencio y…. entonces creo que en ese aspecto sí que se ha perdido frecura y creo que es la culpa del fracaso de mucha gente que quiere tocar. Porque tú no puedes esperar (y lo digo como docente) al visto bueno de la sociedad para tocar o para disfrutar de lo que haces. No puedes porque realmente esos son códigos y obviamente es mucho más fácil tocar aquí que tocar en la Juilliard o en el Carnegie Hall, pero ¿por qué? Pues porque hay una serie de barreras, y no discuto que la gente que toca ahí sea buenísima, pero sí que hay unas barreras en su mayoría económicas, unos managers que llevan una serie de historias… y eso genera dinero y una serie de beneficios…. Pero que al final hacen que gente buena no pueda tocar ahí.

Cris: Sí, un poco lo que se habló siempre de tener “un padrino”.

Javier: Exactamente. Es el mundo en el que vivimos. El mundo capitalista y del dinero. Pero esto es lo que hace girar todo eso, y la música clásica ha sido desde hace unos cuantos años justo eso. La época de la figura del concertista, como Rubinstein, eso ya no existe. Ahora es un negocio.

Cris: Claro, un poco también  como la moda esta que hay ahora de orquestas famosas o músicos de renombre que buscan músicos y solistas que toquen y trabajen gratis, por el renombre y la fama de estar con ellos.

Javier: Sí, bueno, pero eso ya entra dentro de la vergüenza y del descaro y en algunas cosas incluso rozando la ilegalidad. Probablemente si algún inspector de Hacienda estuviese atento, lo mismo también metía algún paquete por ahí, porque al final aparecen contratos encubiertos y cosas así.

Y entonces claro, todo ha cambiado mucho, y la figura del concertista también. Yo he estudiado con una persona que era concertista, Rafael Sebastián que era de A Coruña, que algunos de mis compañeros no lo conocían y alucinaron porque incluso hay discos de él pululando por Internet y este señor era de A Coruña y yo tuve la fortuna de estudiar con él muchos años y ese señor era concertista. No daba clases en ningún lado. Él vivía de dar conciertos, y hubo una época que lo pasó mal porque no tenía plaza en ningún conservatorio y esa persona, que se murió en el año 2000 creo que con ochenta y algo años, es vieja guardia. Esa manera de hacer y de tocar… Él tenía 4 o 5 programas que eran los que hacía y decía mucho una cosa con la que no estoy de acuerdo con él, porque decía que al público había que darle lo que el público quería, y eso era en la época de él porque ahora puedes tocar lo que quieras. Pero él tocaba su Polonesa de Chopin, sus cosas de Turina…y esas cosas más conocidas por la gente. Y está el caso de Rubinstein, o el caso de Glenn Gould que dejó de ser concertista para dedicarse a grabar porque decía que lo otro no valía para nada… Y eso ahora se ha convertido en otra cosa y puede generar niveles de frustración en el estudiante muy grandes, porque el camino entre el conservatorio y el Carnegie Hall (por decirlo de alguna manera) es insalvable, y antes no era tan insalvable. Hace 50 años no era tan insalvable. Una persona que tocaba bien lo podía lograr, pero también el nivel técnico ha subido mucho y hay gente que toca mejor que Rubinstein y mejor que Rafael. Pero el camino era más corto. Ahora, una persona que dice yo quiero llegar aquí…se encuentra con un abismo, con un camino prácticamente insalvable. Y todo porque hay esos mediadores y barreras que son insalvables. Y concursos que también han cambiado.

Y luego con los concursos pasa otra cosa, que es que hay otro subgrupo. Por ejemplo, el concurso de Jaén. Tú ganas, grabas un disco… pero es que al año siguiente hay otro concurso de Jaén y hay otro ganador y tú desapareces. Y eso es ahora así pero antes no era así. Ahora cada año hay un concurso nuevo, pero ¿quién se acuerda de quién ganó el concurso Chopin en el año 2004? No se acuerda nadie. Ahora tú cuando ganas el Chopin, aprovecha, porque el año que viene viene otro que también toca muy bien y también gana y también hay que promocionarlo y entonces tú ya quedas en otro lado.

Y a mi me parece que esto ya es un enfoque de carrera ya erróneo. Como lo que hablábamos antes de que ya no hay pianistas acompañantes. Yo tuve la suerte de estudiar con un gran acompañante como fue Miguel Zanetti, que fue pianista de la Caballé y de mucha gente, y ese señor era catedrático en Madrid y me enseñó muchas cosas, y yo esas cosas no se las puedo explicar a nadie porque yo no tengo manera ni un alumno a quien enseñárselo y decirle mira esto se pone así y se toca así y cuando la cantante diga la vocal entonces bajas la tecla… yo esas cosas no se las puedo explicar a nadie porque no hay un camino ni una especialización y entonces ahí está el problema también.

Cris: Y ya para acabar, nos gustaría saber algún proyecto futuro que tengas en mente.

Javier: Pues así como proyectos futuros no tengo mucha cosa en mente todavía. Siempre estoy tocando con gente, eso es verdad. Tengo un dúo con una violinista de la Sinfónica de Galicia, que aún hemos dado un concierto hace muy poco tiempo y muy bien. Nos hemos conocido este año y ha sido un gran descubrimiento para los dos porque ella quería tocar con alguien y yo también y que fuese una cosa seria, así que bien. Luego, a nivel tocar solo, pues bueno, la semana que viene me voy a ir a Japón, tengo un concierto para el año que viene en Escocia, en Edimburgo… Lo que pasa es que tocar con gente es muy difícil porque hay poca gente que quiera tocar, y de los que hay, al final por cuestiones de tiempo, agendas…es muy difícil. Y entonces pues esto es un poco lo que hay ahora. Seguiré dando mis clases en el Conservatorio Profesional de Música de A Coruña y ya este año estuve con los de canto, así que muy bien, porque esa es mi especialidad, ser pianista acompañante de canto y hasta este año no he podido estar a tiempo completo o casi completo con los alumnos de canto, y desde hace 20 años, así que estoy muy bien y con los compañeros también muy bien. Lo que pasa es que claro, volvemos a lo de antes, no puedes formar a nadie para ser pianista acompañante, y al final la figura del pianista acompañante está tan vilipendiada que es muy difícil hacer algo. Yo prefiero el término colaborador a pianista acompañante, pero para ser pianista acompañante y ser un repertorista de canto, por ejemplo, tienes que saber un montón de cosas, tener conocimiento de idiomas… Y es muy difícil y al final es lo que Miguel me decía. Que además él sabía todo, era un sabio y todo ese conocimiento al final es verdad que se va a perder un poco, porque realmente no hay forma porque la gente interesada al final no tiene tiempo, o no quieren, o si van  acompañar es para sacarse un dinero y hacen como pueden… Y claro, eso es trágico. Y al final, pianistas acompañantes que tengamos la oposición, que seamos especialistas, en Galicia somos solo 3 personas y el día que no estemos ya no queda ninguno. Estamos Alfonso Vales y yo aquí y Alejo Amoedo en Vigo. Y que yo sepa ninguno de los tres tiene a ningún alumno ni a nadie de mano para enseñarle esto, y es muy difícil porque tú no puedes pretender en un mes enseñarle a alguien cómo tocar una partitura de una reducción de orquesta. Hay tantas cosas que aprender…

Cris: Y legalmente se amparan un poco en el tema de que para eso están las asignaturas de acompañamiento, lectura a vista, improvisación… pero luego te das cuenta de que no es lo mismo. Y menos cuando llegas a un conservatorio y te encuentras en la situación de que para cubrir horas tienes que hacer de pianista acompañante y te encuentras con que de repente, ala, para el mes que viene toma todo este montón de partituras…

Javier: Sí claro, y tú tienes que tener el oficio que generalmente y desgraciadamente no se tiene mucho, porque a lo mejor hay gente que nunca ha llegado a eso o no ha tenido la necesidad de hacerlo, pero claro tú luego tienes que tener la capacidad y la idea de resolver… y luego claro, en las cosas de orquesta a ti te tiene que sonar el piano como una orquesta y ¿cómo se consigue eso? Pues hay un montón de maneras de tocar para que te suene como una orquesta. Mismo tocar un acorde, no es lo mismo tocarlo cuando lo tocan los violines que cuando lo hacen las maderas. No es lo mismo, se toca diferente, se ataca de distinta manera al piano… Y todo eso son cosas del oficio que hay que saber. Yo no las sabía y las estudié con Miguel y leí muchos libros, y luego te das cuenta de cómo se hacen muchas y de por qué aquello no te sonaba como le sonaba a otro pianista que acompañaba a aquella y… claro, es difícil y la situación es realmente una tragedia.

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