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Hoy charlamos con Albert Nieto

Resulta difícil encontrarse a personas tan comprometidas con el piano como Albert Nieto en el panorama actual. Más allá de un excelente intérprete y pedagogo, es un profundo conocedor del piano en todas sus facetas. Un apasionado que estudia y analiza el piano y la música desde todos los aspectos posibles, dejándonos libros y escritos esenciales a los que venimos detrás.

Doctor en Música con sobresaliente “cum laude”, gran pianista con especial dedicación a la música española y contemporánea, profesor de piano y jefe del Departamento de Piano del Conservatorio de Música Jesús Guridi (Vitoria-Gasteiz) durante muchos años, investigador, conferenciante, creador de una  edición crítica de la Suite Iberia de Albéniz, y escritor de artículos y libros imprescindibles para la formación de todo pianista, como “La digitación pianística”, “El pedal de resonancia: el alma del piano”, “La clase colectiva de piano”, “Contenidos de la técnica pianística” y sus dos últimas y recientes publicaciones: “El gesto expresivo del pianista: el espíritu del directo” y “Tecleando: Reflexiones sobre el mundo del piano y del conservatorio”.

Entre tanto trabajo, Albert Nieto ha podido dedicarnos un poco de tiempo para charlar sobre su carrera y sus últimas publicaciones. Esto es lo que nos ha contado.

Hola Albert, es un placer que aceptases nuestra invitación para entrevistarte.

Siendo un acérrimo defensor del aspecto comunicativo en la interpretación, es todo un placer comunicarme con los seguidores de tu blog.

Intérprete, docente, compositor, investigador, divulgador, escritor, compositor… toda una vida dedicada a la música da para mucho. ¿De todas estas facetas de tu trabajo, cuál es la que más te gusta o con la que te sientes más cómodo?

Pues por desgracia, una sola vida no da para todo lo que a uno le gustaría hacer, pues me encantaría, entre otras muchas cosas, grabar la integral de la Suite Iberia e investigar y escribir sobre muchos más temas. Creo que tengo suerte, o desgracia, según se mire, de que me gustan mucho todas las facetas que has citado. En estos momentos, lo que más me apetece es componer piezas pedagógicas que motiven al máximo a los jóvenes alumnos, colaborar con cantantes en programas teatralizados de mi invención, y ayudar tanto a los pianistas que quieren opositar como a los que tienen gran interés en perfeccionarse y son receptivos a la importancia del gesto expresivo para comunicar mejor con el público.

Desde tus inicios como profesor has tenido mucho tiempo para ver la evolución de la educación musical en España. ¿Crees que nos movemos en la buena dirección o piensas que convendría un cambio?

Pues sería necesario realizar varios cambios de rumbo, aunque algunos sean un tanto utópicos, como reducir el número de conservatorios superiores, lo que conllevaría tanto una mejor calidad en el profesorado como en la selección del alumnado, como ocurre en Francia, sin ir más lejos. También sería beneficioso una menor carga lectiva en el currículo de asignaturas que son, por decirlo de una manera suave, bastante prescindibles, puesto que se traduciría además en un mayor tiempo para dedicarlo al estudio del instrumento, o para asistir a clases colectivas que pueda organizar el profesor. Yo también aconsejaría que se establezcan un mayor número de pruebas escritas, lo que revertiría en la mejora en la redacción y ortografía de los alumnos. También obligaría a la lectura por curso de varios libros de técnica instrumental, incluido en los criterios de evaluación de la clase instrumental. En fin, muchas cuestiones a revisar y, a mi modo de ver, a mejorar en el plan de estudios.

Uno de los primeros libros que reseñamos en Maldito Piano fue tu libro “El pedal de resonancia, el alma del piano”. Muchos estudiantes de piano no acaban de darle al pedal la importancia que realmente tiene, ¿qué les dirías para convencerlos de su importancia?

En primer lugar, les diría que lean las opiniones de infinidad de pianistas y pedagogos (Chopin, Busoni, Leschetizsky, Neuhaus, Giseking, Margueritte Long, Josef Hoffmann, Dinu Lipatti, Sándor, Boris Berman, Szász, Heidsieck…) que consideran la pedalización como un aspecto básico de la técnica pianística. Pero es verdad que el pedal de resonancia y el pedal celeste se enmarcan en un aspecto muy sutil de la interpretación y que requiere de una profundización previa en la educación auditiva que permita apreciar las leves pero significativas diferencias que se producen en el sonido. Alcanzado ese punto, el alumno se convencerá él mismo de la importancia de esa preciada herramienta de la que dispone el piano.

El pedal de resonancia, la digitación, la gama de ataques, la memorización, la calidad del estudio… si por algo se caracterizan tus publicaciones es por un análisis profundo de cada una de las diferentes facetas del piano. Esto contrasta bastante con una corriente actual (sobre todo en Internet) que pretende convencernos de que el piano es algo sencillo y se puede aprender en poco tiempo. ¿Crees que existe una tendencia a hacernos pensar que se puede ser músico casi sin esfuerzo?

Creo que las clases de música por internet están en su mayoría dirigidas a un público aficionado y que quiere aprender pequeñas piezas de un modo cómodo desde su casa. Pero, por otra parte, creo que internet puede ser un buen complemento para los estudiantes de conservatorio, para que puedan ampliar sus conocimientos a través de clases magistrales de reputados maestros, o viendo conciertos interesantes retransmitidos desde lugares muy distantes a su lugar de residencia. Se abre un cúmulo enorme de posibilidades, incluso que su profesor habitual ayude a un alumno desde casa, a través de un vídeo o en Skype. Está claro que este procedimiento no puede sustituir totalmente a una clase presencial, pero en esta época de confinamiento ha demostrado algunas ventajas interesantes. Por ejemplo, el alumno tiene que hacer el esfuerzo de grabar íntegramente una pieza musical y, antes de enviarla al profesor, verla con detenimiento, con las grandes ventajas que reporta en cuanto a la escucha auditiva y a la observación de su gesto expresivo. Es un aspecto al que se resistían los alumnos, por mucho que lo aconsejara el profesor.

Sin embargo, Internet también puede ser un buen aliado para complementar los contenidos de un libro.  En “El gesto expresivo del pianista” incluyes más de 500 vídeos y ejemplos musicales. ¿Una publicación multimedia vale más que mil palabras?

En este caso era necesario, pues el gesto expresivo requiere evidentemente de una percepción visual a parte de la auditiva, y no hubiese tenido sentido no incorporar los vídeos, a pesar del trabajo inmenso que ha requerido visionar miles de ellos para poder efectuar una selección de 530. Pero, por otra parte, fue muy estimulante y gratificante, pues aprendí muchísimo en cuanto a repertorio e intérpretes, no solo pianistas, pues consideré que el tema concernía a todos los instrumentistas y lo reflejé en el libro. Con tal cantidad de interesantes ejemplos, uno se da cuenta de que hay muchísimos intérpretes que otorgan mucha importancia al gesto expresivo y a otras muchas tendencias que hoy en día está incorporando la música clásica, y que se acercan a los otros géneros musicales con el fin de comunicar mejor con el público. Convendría despojarse del sambenito de “música seria”. Afortunadamente, el desenfado y el humor están entrando como una corriente de aire fresco.

Con las numerosas ediciones de la Suite Iberia de Albéniz que se pueden encontrar en las tiendas y en internet, ¿por qué te planteaste hacer tú una nueva revisión?

Es cierto que hay muchas y variadas en cuanto a planteamientos. Pero piensa que la primera edición de la UME fue copiada posteriormente por Dover, Salabert, Belwin Mills, Ricordi americana, Kalmus, International Music Company, Schott y Real Musical, entre otras. Se pueden localizar en ellas hasta un centenar de errores, destacando los 22 de El Polo y los 18 de El Albaicín, lo que sólo ello ya justificaba una nueva edición, como lo hicieron Guillermo González, Albert Atenelle y Luis Fernando Pérez entre otros. Pero mi edición (editorial Boileau, 2011) al igual que la de Guillermo González, aporta mi experiencia en cuanto a digitación (con redistribución de las voces entre las dos manos) y a pedalización y, además, yo aporto otras características globales de carácter pedagógico y musicológico que no aportaba ninguna otra edición: señalización de los puntos estratégicas de memorización, análisis formal-armónico, diferencias entre los manuscritos y la primera edición impresa para analizar las diferencias entre ellas y los posibles errores o descuidos de Albéniz, comentarios generales y de cada una de las piezas en cuanto a características formales y armónicas, ritmo, melodía, carácter, digitaciones, pedalizaciones, memorización, traducción al español y al inglés de los términos musicales en lengua francesa, y todo ello acompañado de un CD conteniendo mi interpretación de seis de las piezas. Fue un trabajo inmenso, intenso y casi exclusivo durante unos tres años.

Has dedicado todo un libro al gesto expresivo del pianista, además de a los otros instrumentistas. ¿Crees que en nuestros tiempos se ha apostado por un excesivo hieratismo en la música clásica?

Precisamente, en estos últimos años hay una tendencia en los intérpretes a expresarse con una mayor libertad de movimientos para potenciar el carácter de la obra. Como consecuencia, ello revierte en un acercamiento y en una mayor comunicación hacia el público. Pero es en el campo de la enseñanza donde todavía impera una tradición hierática, manteniendo sus defensores una postura un tanto intransigente. Es una pena, pues si desde los primeros cursos se fomenta la libertad expresiva y gestual en los niños, su motivación es enorme y lo adoptan como una forma de comunicación completamente natural y hasta placentera, reduciendo además el miedo escénico. He tenido ocasión de comprobarlo personalmente por medio de algunas piezas idóneas entre las que incluyo algunas creaciones mías; en ellas, animo a que los alumnos se dirijan de viva voz al público y a que dialoguen los dos pianistas si se trata de una obra a cuatro manos. Pero es que, además, hay otros aspectos muy relacionados e innovadores, como manifestar el humor que hay en muchas obras, los comentarios de presentación de su actuación y de las obras, la escenografía…

Este tema entronca directamente con un punto de tu último libro. ¿Sonríen los alumnos de conservatorio?

Una manifestación evidente de que algo falla en la enseñanza es la contradicción que se produce cuando un alumno interpreta una música de carácter alegre o danzante con un semblante serio y preocupado, y en una actitud gestual hierática. Es un tema que da para mucho y de una gran trascendencia. El alumno debería sonreír, danzar en la banqueta, contemplar, soñar, sorprenderse, excitarse, enfadarse… y, en definitiva, transmitir cualquier carácter que pueda llevar implícita o explícitamente la música que está interpretando. Para ello que ello se produzca, además es imprescindible que lo haga de memoria y mirando el teclado lo mínimo posible, factores que romperían esa conexión total con el público.

En tu último libro “Tecleando: Reflexiones sobre el mundo del piano y del conservatorio”, haces un repaso en profundidad sobre el funcionamiento de los conservatorios. En él encontramos un capítulo que nos parece especialmente clave: el desinterés cultural del alumno. ¿Crees que el interés por la cultura de los jóvenes es algo que va en declive?

Los sondeos revelan que los jóvenes cada vez leen menos y apenas saben escribir correctamente. En un conservatorio superior se puede constatar fácilmente en sus trabajos de investigación. Ciñéndonos al tema musical, a mi pregunta de inicio de curso de cuántos libros sobre el piano han leído, la respuesta decepcionante, aunque ya esperada desde hace años, es que a lo sumo son dos, y apenas conocen a los intérpretes famosos de su instrumento. La clave para paliarlo sería que en el conservatorio profesional se fomentara la lectura y la audición, para tener continuidad luego en el Superior.

¿Dónde crees que está el problema en este desafecto por la cultura? Las continuas reformas educativas, que cada vez dejan menos espacio para la música y la cultura parecen tener bastante que ver.

Como todo el mundo sabe, las reformas cada vez potencian más las materias científicas en detrimento de las humanísticas, y no digamos ya de las artísticas. Por tanto, están formándose generaciones de jóvenes sin afición artística ni cultural en general, por lo que cada vez se ve menos gente joven en los teatros, auditorios y museos. Y como consecuencia, cada vez hay más políticos sin afición a la música, lo que se traduce en su falta de apoyo institucional. Por ello, creo que en los conservatorios elementales y profesionales debería también tenerse en cuenta la formación de futuros aficionados a la música, pues está claro que no todos se van a dedicar profesionalmente a ella.

Como anécdota significativa, yo propuse ceder gratuitamente mi piano de cola a dos poblaciones, sin tener ninguna respuesta afirmativa; y eso que, en una de ellas, de 4000 habitantes, a pesar de disponer de un gran auditorio y otros espacios adecuados, tan sólo disponía de un piano eléctrico.

En tu libro “Contenidos de la técnica pianística” ofreces material muy valioso para todos aquellos pianistas que están preparando las oposiciones o tienen que pelearse con la elaboración de programaciones y unidades didácticas. ¿Qué aspectos consideras más importantes a la hora de realizar estas pruebas?

Yo valoraría en el opositor que tuviera unas ideas claras y firmes, con una coherencia expositiva y de planteamiento en cuanto a la programación y a las unidades didácticas, donde se vislumbrara también su interés y, por qué no, amor hacia la pedagogía y hacia los niños. Yo no hablaría en términos de “pelea” sino más bien de satisfacción por entrar en un mundo fascinante como es el de la programación, donde a través de un infinito número de obras con el que cuenta la literatura pianística, tenemos oportunidad de seleccionar las más idóneas para un determinado nivel y para cubrir las carencias particulares de cada alumno. Y para impartir los conocimientos que contienen dichas obras, entramos en otro maravilloso mundo que nos permite conectar con el alumno para ayudarle a través de nuestra observación, análisis, reflexión y experimentación, para extraer conclusiones y poder aplicar las posibles mejoras que otorga la experiencia.

Volviendo al libro “Tecleando”, tienes un capítulo dedicado expresamente al “peculiar mundo del conservatorio” y en él aparecen apartados como “cómo llegar a ser catedrático ¡Esas malditas oposiciones! ¿Podrías resumir tu opinión sobre el sistema que tenemos instaurado?

Es difícil evaluar a un opositor, puesto que la mayoría de las pruebas instauradas por la administración son de valoración subjetiva, en las que influye el gusto musical y las ideas sobre la técnica pianística de cada miembro del tribunal; y también existen otros factores perturbadores propios de un mundo endogámico, como son el posible grado de acercamiento o de amistad con el opositor o con su profesor, cuando no de las presiones por parte de algún cargo influyente de la administración. Dicho esto, todo lo demás es casi anecdótico. Yo propongo que se dé prioridad a las pruebas de valoración objetiva, como pueden ser los méritos acumulados por el opositor; y, en todo caso, los méritos por años de experiencia los relativizaría mucho, ya que se puede impartir clases en una actitud pasiva, “calentando silla”. Me refería más bien a los méritos por cursos recibidos o impartidos, por la investigación y publicaciones, actividad concertística y prestigio pedagógico.

Finalmente, en el mismo libro también tienes el apartado “Mis homenajes”, donde haces una relación de profesores-pianistas. Algunos tienen una trayectoria extensa impartiendo clases magistrales, como Boris Berman, por el que yo misma he pasado. ¿Alguno o alguna te ha marcado o influenciado especialmente?

Está claro que son los dos primeros que cito, por diversos aspectos de índole personal. Rosa Sabater me sirvió de acicate para que dejara mi actividad como farmacéutico y siguiera definitiva y exclusivamente por la senda de mi verdadera pasión, el piano. Frédéric Gevers fue el profesor idóneo para que pudiese avanzar técnicamente en el piano, con una visión holística de la música. Por otra parte, como jefe del departamento de piano de Vitoria pude organizar muchas clases magistrales que, junto a mi asistencia a otros cursos, me dieron la ocasión de recibir interesantísima información de destacados pedagogos, como María Curcio, Christopher Elton, Bashkirov, Charles Rosen, Sándor, Sébök, Badura-Skoda, Rados, Rohman, Lazar Berman, Boris Berman, Elza Kolodin, Tibor Szász y muchos otros. Creo que la base para avanzar es absorber información de muchas fuentes, puesto que el mundo del piano y de su técnica es inmenso. Volviendo al inicio de la entrevista, nos faltaría muchas vidas para abarcar todo un mundo que, por mucho que nos empeñemos, es inabordable.

Pues esto ha sido todo por hoy. Muchas gracias por concedernos este rato musical.

Para todos nuestros seguidores, si queréis conocer más sobre Albert Nieto y sus trabajos bibliográficos, discográficos y radiofónicos, no dudéis en pasaros por su página web y haceros con sus libros y, por su magnífica edición de la Suite Iberia.

Agus Rodríguez
Creador de contenidos online y experto en marketing digital y RRSS. Cofundador de Maldito Piano. Amante del deporte y la buena comida. La música me ayuda a viajar cuando mi presupuesto no me lo permite.

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