Stravinski

Stravinski y su idilio con el jazz.

Las primeras décadas del SXX fueron años convulsos en lo político, lo ideológico, lo artístico y, como no, lo musical.

En Europa las nuevas generaciones de compositores como Béla BartókArnold Schoenberg, luchaban por romper con la tradición romántica imperante durante el final del siglo anterior. Muchos de estos compositores buscaban inspiración en la música tradicional y folclórica de los países donde habían nacido.

Por su parte, en Estados Unidos, cada vez cobraba más fuerza una música popular basada en las raíces de la música negra y que nada tenía que ver con la música clásica y sinfónica imperante: el jazz.

Los nuevos compositores europeos intentaban, poco a poco, hacerse un hueco en la música. Mientras tanto, en EEUU, el jazz conquistaba a las clases más populares. En este época, la música era un elemento muy definitorio de la clase social o de la generación a la que cada persona pertenecía, siendo los seguidores de cada estilo muy cerrados en sus gustos. Las clases populares y los negros en Estados Unidos se centraban en el jazz, las clases cultas y en mejor situación económica a ambos lados del charco seguían con la tradición clásica y los jóvenes intelectuales europeos continuaban su búsqueda de nuevos y rompedores sonidos.

Stravinski, el genio musical de la época

Una de las pocas figuras musicales respetado por todos era Igor Stravinski. Stravinski fue, probablemente, el compositor más reconocido de la primera mitad del siglo XX. Los ballets clásicos de su primera época rusa (El pájaro de fuego, Petrushka y La consagración de la primavera) reinventaron el género y le abrieron las puertas al éxito mundial. Siempre preocupado por la innovación, Stravinski aprovechó sus estancias en París y Nueva York para empaparse de todas las corrientes musicales que pudo.

Tras unos años felices y llenos de éxito en las primeras décadas del SXX, llegaron tiempos difíciles para Stravinski. La muerte de su mujer y su hija por tuberculosis y el estallido de la Segunda Guerra Mundial, provocaron que en 1939 emigrase a Estados Unidos y se estableciese en Nueva York.

Descubriendo el jazz

Stravinski ya había establecido contacto con el jazz en anteriores giras en Estados Unidos. Incluso llegó a componer Ragtime para once instrumentos, una pieza en la que homenajeaba el jazz, algo que le valió el la simpatía de los seguidores de este estilo. Una vez rehecha su vida en Nueva York, Stravinski pudo empaparse todavía más del jazz y otros derivados más vanguardistas como el Bebop. Allí acudió a grabaciones y conciertos de músicos de jazz, quedando impresionado ante la atmósfera distendida que acompañaba siempre a aquellos músicos. El alcohol y las drogas corrían por esas grabaciones y conciertos con total naturalidad, algo muy diferente al ambiente recto y formal de la música clásica europea.

Uno de los mayores encuentros entre Stravinski y el jazz tuvo lugar cuando conoció a Art Tatum. Tatum era considerado el mejor pianista de jazz de Nueva York, por lo que Stravinski, también pianista, quiso conocerlo. Ambos músicos se admiraban mutuamente y su encuentro transcurrió con cordialidad. Llegado un punto, Stravinski comentó que tenía problemas para unir dos pasajes, por lo que Tatum le pidió que los tocase. Art Tatum era prácticamente ciego, pero tenía un oído y una habilidad para la música fuera de lo común. Con solo escuchar una vez los dos pasajes del ruso, se sentó al piano, repitió exactamente las notas del pasaje e improvisó la progresión que Stravinski necesitaba. Desde ese día, Tatum tendría un nuevo y prestigioso fan que hablaría siempre bien de él.

Pero Stravinski no se conformó con el jazz más aceptado y comercial. En aquella época había un estilo mucho más underground: el Bebop. Charlie Parker era el rey de este estilo tan poco comprendido por su dificultad técnica. En los antros donde sonaba esa música abundaban las drogas duras y el alcohol, algo que no ayudaba a su popularidad. Charlie Parker, además del máximo exponente del Bebop era uno de los músicos más decadentes. Sus problemas de adición al alcohol y la heroína lo acompañaron toda la vida, frenando en gran medida su desarrollo musical y estropeando muchos de sus conciertos. Charlie Parker admiraba profundamente a Stravinski y, probablemente, uno de sus conciertos más especiales tuvo lugar el día que el maestro ruso, con una edad bastante avanzada, se presentó en uno de sus conciertos. Ese día, a pesar del colocón, Parker distinguió a Stravinski en primera fila del público y le agradeció su asistencia introduciendo diferentes frases del Pájaro de Fuego sobre sus propias canciones.

Por suerte, hoy en día tenemos acceso a todo tipo de música y los estilos ya no están tan condicionados por la clase social. Echando la vista atrás, nos damos cuenta que estos genios de la música, no solo crearon grandes composiciones de todos los estilos, sino que abrieron las puertas para que los géneros y los oídos del público se mezclasen.

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