Inventos pianísticos del S XIX

Inventos pianísticos del siglo XIX

Durante el siglo XIX el piano y todo lo relacionado con él fue desarrollado a una velocidad de vértigo. Y sin duda, esto trajo una consecuencia directa: si el piano ofrecía mayores posibilidades, los intérpretes incrementaban su técnica y sus capacidades interpretativas. Precisamente, esta especie de acción-reacción trajo consigo una serie de inventos de lo más disparatado. Aunque también hubo aportes que a día de hoy siguen siendo indispensables en la formación de los pianistas.

Como ya mencionamos en entradas anteriores, en este siglo surgieron pianos de lo más extraño y complementos como el pédalier, del que hablamos hace tan solo unos días. A nivel interpretativo, es el siglo del virtuosisimo, del despliegue técnico y de la búsqueda de los límites del intérprete a la hora de aprovechar todas las novedades que comienzan a rodear al piano.

Tanto fue así que en el siglo XIX, especialmente en su segunda mitad, aparecen múltiples libros de ejercicios y tratados de especialización técnica o ejercicios mecánicos. Aparecen títulos como: La Gimnasia del Pianista o El Pianista Virtuoso. Según avanza el siglo y la especialización se incrementa, los libros se van centrando en aspectos muy concretos y complicados como las notas dobles, las octavas, posiciones fijas, etc.

El desarrollo técnico de la ejecución se ve impulsado por las exhibiciones de los grandes intérpretes virtuosos. Pronto se convierten en estrellas a quienes los estudiantes de piano quieren imitar. En este punto, comenzaron a surgir inverosímiles inventos para «mejorar» la técnica pianística o «acelerar» el proceso de fortalecimiento e independencia de los dedos. Algunos de ellos se podrían considerar como auténticas máquinas de tortura. Prueba de ello es que algunos de sus inventores quedaron lesionados de por vida e, incluso, se vieron obligados a abandonar su actividad interpretativa.

Inventos del S XIX

El Quiroplasto.

En 1814 un pianista y pedagogo alemán llamado Johann Bernhard Logier, patentó en Dublín un artilugio para perfeccionar el aprendizaje del piano, al que llamó el Quiroplasto.

El invento consistía en un par de barras que se enganchaban en el piano. Sujeto a estas barras, pero de forma que pudiese desplazarse por ellas, se localizaban dos moldes con agujeros para los cinco dedos de cada mano.

En teoría, se supone que el quiroplasto evita que se interioricen movimientos inútiles o innecesarios al piano, mientras que se afianza el desplazamiento horizontal en paralelo a las teclas, se reduce la intervención de los brazos, y se potencia la técnica puramente digital.

Aunque a día de hoy pueda resultar extraño, en su época recibió una gran acogida. Su inventor fundó múltiples escuelas por diferentes ciudades para difundir su método y su invento. Su fama llegó a traspasar fronteras y las academias con el sistema de Logier aparecieron por toda Gran Bretaña, Irlanda, América, e incluso por la India.

Tal fue la fama que se conservan evidencias de varios «Chiroplast Club«. Estas escuelas funcionaban como gimnasios para pianistas. Las aulas acogían a un grupo relativamente numeroso de alumnos a los que el señor Logier o algún otro profesor encargado atendían al mismo tiempo, tocando todos lo mismo y al unísono, tal y como hoy sucede con las clases de los gimnasios.

En España el quiroplasto llegó de la mano de Sixto Pérez, pianista, compositor, codirector de la Escuela Filarmónica de Cádiz y promotor de la Academia Filarmónica de Sevilla. En España poco se conoce de su actividad, dada la censura que sufrió y su exilio en Londres debido a su liberal ideología política. Precisamente, fue en Londres donde publicó sus trabajos y entró en contacto con corrientes pedagógicas como las de Logier. Además, en sus obras puede percibirse con facilidad una gran influencia de las corrientes de la escuela londinense de esta época, algunas de ellas conservadas a día de hoy en la Biblioteca Nacional de Madrid.

Entre la bibliografía que se conserva con respecto a este invento, la más señalable es un libro escrito por el mismísimo Logier. En él se examina exhaustivamente su sistema educativo para pianistas: «An authentic account of the examination of pupils instructed in the new system of musical education, before certain members of the philarmonic society and others».

El éxito de este invento se terminó con el surgimiento del siguiente invento, el Guía Manos del más que conocido Kalkbrenner.

El Guía-manos (Guide-mains).

Con este invento puede que estemos ante uno de los «posibles» casos de plagio más sonados de la historia del piano. Situémonos en el lugar y la época de Logier, el inventor del quiroplasto y añadamos a un socio suyo llamado Kalkbrenner (muy conocido actualmente por su labor como pedagogo del piano). El socio se separa de Logier y decide crear su propio invento para mejorar el aprendizaje del piano, al que llamó el guía-manos.

Hasta aquí todo bien, de no ser porque el invento de Kalkbrenner es casi una copia exacta del de su ex-socio Logier. De hecho, lo único que cambia es que el de Kalkbrenner tiene una barra en lugar de las dos que tenía el quiroplasto de Logier. El propio Kalkbrenner reconoció en muchas ocasiones que su base era el invento de Logier y que le había servido de gran fuente de inspiración, pero a veces, entre la inspiración y el plagio tan solo hay una finísima línea.

Sea como fuere, el Guía-manos es una barra que se coloca en paralelo al teclado del piano que sostiene el antebrazo y sujeta las muñecas mientras va guiando las manos a lo largo del teclado. Al igual que el quiroplasto, evita verticalidades, empleo de la fuerza/peso del brazo, intervenciones del antebrazo, etc. Se prima la técnica digital y el deslizamiento exclusivamente en horizontal de las manos. Entre los motivos de Kalkbrenner de por qué su guía-manos era mejor que el quiroplasto, el que más repetía era que era mucho más ligero y sencillo de instalar al contar solo con una barra en lugar de dos.

Entre la bibliografía más fiable y recomendable existente sobre el guía-manos, está el método que el propio Kalkbrenner escribió para aprender a tocar el piano utilizando su invento:«Apprendre le Piano-Forte à l’aide du Guide-mains». Podemos encontrar este libro, de dominio público y descarga legal en Google Books.

Este guía-manos llegó a ser tan popular que incluso reemplazó al de Logier. Pero de nuevo, veremos cómo las modas son pasajeras y pronto aparecen nuevas creaciones que eclipsarán a las existentes.

Dactylion.

Henri Herz fue un gran pianista y compositor del siglo XIX, pero que hoy en día es más recordado por su labor como constructor de pianos en la fábrica que fundó en París. No obstante, si lo incluimos en está lista es por haber creado algo más que pianos: el Dactylion. Otro disparatado invento de la época, que fue registrado a su nombre en el año 1836.

El Dactylion se basa precisamente en la idea ya mencionada de la gimnasia pianística y las comparaciones del intérprete con un deportista entrenando en un gimnasio. En este caso, haciendo pesas. Si hay pesas para brazos o piernas, ¿por qué no hacer unas para los dedos? Al fin y al cabo, una parte de la base de la técnica pianística consiste en adquirir independencia y fuerza en los dedos.

De esta base partió Henri Herz para crear su Dactylion. La idea es que el aprendiz o pianista profesional pueda fortalecer sus dedos con una especie de pesas para dedos que se acoplan al piano para hacer más intenso el tiempo de práctica. Así, surge un aparato que se acopla al piano para tener una carga que nos haga trabajar más en los movimientos de subida y bajada de los dedos para que al practicar ejercicios técnicos y sobre todo los de tipo estático, se trabaje mucho más la musculatura de cada uno de los diez dedos.

Para lograr el objetivo, se fija una barra al piano en horizontal sobre el teclado pero con cierta altura. De ella cuelgan una serie de cuerdas que terminan en una especie de anillas. Estas 10 anillas corresponden uno para cada dedo. Cada anilla se conecta con esa cuerda a una especie de saquitos con pesos que pueden regularse (tal y como sucede con muchas máquinas de gimnasio en la actualidad). Así, al introducir los dedos en los anillos y presionar cualquier tecla, el dedo al hacer el movimiento de bajada, comienza a levantar esa «pesa». De esta manera, el esfuerzo de tocar es mucho mayor y se aumenta de manera mucho más rápida la musculatura y la fuerza de cada dedo.

Como era de suponer, no todo fue positivo, ya que comenzaron a surgir lesiones debido a un mal uso del invento y también por causa de los sobre esfuerzos.

En cuanto a bibliografía fiable, nos gustaría reseñar en primer lugar el libro que el propio Henri Herz publicó en su momento. Un método con 1000 ejercicios para el Dactylion en el que las manos siempre están en posición fija/ estática: «1000 Exercices pour l’emploi du Dactylion.»

Es complicado conseguirlo, pero también podemos encontrar información en libros mucho más accesibles como La Historia de La Técnica Pianística de Luca Chiantore, donde encontramos citas como ésta:«en los 1000 Exercises de Herz y en su infernal Dactylion encontramos el punto más extremo de una concepción de la técnica que considera el momento de la ejercitación como una cuestión de músculos, nervios y desgaste de calorías.» 

Otra referencia es la que hace Leon Plantinga, en su libro «La música romántica», ejemplar que va complementado con un segundo libro que sirve a modo de antología. En dicho libro, encontramos la siguiente cita: «Herz puso en el mercado un utensilio llamado Dactylion que no servía para nada…» 

Esa imagen pertenece al último libro que recomendamos para profundizar en este invento, aunque también se cita a otros: «The piano-forte primer: containing either for private tuition or teaching in classes» escrito por J. F. Burrowes en 1840. En él se cuenta que, aunque célebres pianistas y pedagogos como Clementi o Dussek utilizaron algunos de estos disparatados inventos, ninguno confesaba utilizarlos. El por qué de esto es que máquinas como la de Logier o Kalkbrenner solo guiaban la mano y ofrecían sujeción pero no fortalecían los dedos. Y el Dactylion lo hacía pero no de manera segura y uniforme.

El principal problema del Dactylion tiene que ver con la anatomía. Por naturaleza, no todos los dedos son iguales físicamente. Ya que como sabemos, no todos los dedos son independientes, y algunos comparten fibras, como sucede con el cuarto dedo (que es como los pianistas llamamos al anular), que es uno de los que más problemas trae a la hora de tocar y/o practicar técnica. Y precisamente esto nos lleva al siguiente invento de la lista, el creado por Robert Schumann.

La máquina de Schumann.

Schumann conocía perfectamente la anatomía de las manos. Sabía que no hace falta ser un experto para ver las dificultades que hay para elevar solo el cuarto dedo, o los movimientos reflejo que hay entre el cuarto y el quinto debido a la unión existente entre ambos. De ahí que algunos estudiosos del piano distingan entre «dedos buenos» y «dedos malos».

A estos conocimientos de Schumann se le sumaron sus ansias por convertirse en el mejor concertista de piano. Así empezaron sus cálculos para poder mejorar las carencias que sus manos poseían por naturaleza. Esto lo llevó a crear una máquina inspirada en el Dactylion, que por un lado le permitía ejercitar los dedos con peso pero por otro lado, podía inmobilizar dedos o secciones de dedos, y eso lo empleaba, sobre todo, para trabajar los dedos cuarto de cada mano.

¿Cómo terminó todo esto? Con una lesión de por vida que le privó de ser pianista. Pero no hay mal que por bien no venga, el resto del mundo pudo disfrutar de un gran compositor.

Lamentablemente Schumann no fue el único en intentarlo. Prueba de ello son las numerosas evidencias de máquinas o ejercitadores que surgieron para ser utilizadas fuera del piano y así continuar fortaleciendo los dedos incluso cuando no se estuviese tocando.

La bibliografía más importante al respecto la constituye la obra de Félix Levacher titulada «De l’anatomie de la main considérée dans ses rapports avec l’exécution de la musique instrumentale, ou méthode raisonnée de mécanisme de la main». Aquí no solo trata los problemas de las manos de los músicos, sino que también presenta algunas de esas máquinas que mencionábamos e incluye fotografías de algunas de ellas.

Una de las más sorprendentes y grimosas, es un ejercitador diseñado para separar y trabajar la independencia de los dedos 3, 4 y 5, como puede apreciarse en las siguientes fotografías:

El Chirogymnaste.

Inventado por C. Martin y conocido como el Chirogymnaste o Gimnasio de la mano. Existe una fuente de especial importancia a la hora de documentarlo y compararlo con los inventos anteriores. Se trata de «Métodos españoles de piano en el siglo XIX«, de la autora Ana Vega y publicado en el 5º volumen de los Cuadernos de Música Iberoamericana, del año 1998.

Este libro define el Chirogymnaste como: «una máquina compuesta de nueve aparatos distintos que tienen por objeto: 1° hacer alcanzar la octava a las manos pequeñas, 2º dar soltura a la muñeca y a los dedos, 3º darles más extensión, 4° aumentar e igualar sus fuerzas y 5° procurarles una completa independencia«.

Se trata de un gimnasio portátil con 9 artilugios diseñados para ganar fuerza, elasticidad, independencia en cada dedo, así como también apertura interdigital.

Según el libro que mencionábamos antes: «El Chirogymanste es la invención más completa y la más moderna de todos los inventos que hemos visto. Ha sido aprobada por célebres pianistas comoAdam Bertini, Cramer, Döhler, Gorja, Herz, Liszt, Moschélès o Thalberg. Además, es el único aparato que ha sido adoptado para la enseñanza del piano en los conservatorios de París, Londres, Bruselas y Madrid«.

En esta época surgió una especie de boom y comenzaron a aparecer múltiples variaciones y artilugios similares. En EEUU, esta industria se desarrollo especialmente, de hecho hubo una «guerra de patentes».

Inventos americanos.

Technicon

El Technicon era una variante del anterior, un gimnasio para las manos, pero que añadía como plus cierto fortalecimiento del antebrazo.

Flexomanus

El Flexomanus es similar al Dactylion pero cambiando las alturas de las anillas, para así poder variar el tipo de esfuerzo sin depender solo de pesos.

Poco después se le añadió una manivela para poder utilizarlo independientemente del piano. Lo que accionaba esta manivela era que las anillas comenzasen a subir y bajar. Como es lógico, si llevábamos este sistema de manivela al piano, el tocar se volvía muchísimo más complejo.

Hand Extender

El Hand Extender es un invento cuyo nombre deja poco a la imaginación. Está diseñado para aumentar la capacidad de apertura de la mano. Consiste en una varilla enroscada con un anillo a cada lado donde deberíamos introducir los dedos con los que queríamos trabajar. Luego solo nos faltaría ajustar la distancia de apertura y «disfrutar».

Puede que nos parezcan una locura pero si nos paramos a buscar un poco en Internet, seguro que encontramos un montón de ejercitadores para pianistas. Si te paras a examinarlos, su finalidad y mecánica no dista mucho de la de esta época.

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