Tres grandes pianistas caídos en el olvido

Tres grandes pianistas caídos en el olvido

¿Qué es lo que lleva a un pianista, a un músico o a cualquier artista a adquirir fama mundial?. Muchos dirán que el talento. El talento es un factor importante, sí, pero no es el único. Muchos pianistas con talento y una gran técnica han quedado en el olvido. También es importante aprovechar bien las oportunidades que te brinda la vida, tener contactos o, simplemente, estar en el momento y el lugar adecuado.

En este post queremos recordar a 3 grandísimos pianistas que, por un motivo o por otro, no se les ha dado el reconocimiento que merecen. A nuestro entender, podían estar entre los listados de los mejores pianistas del siglo XX junto a nombres como Rachmaninoff, Rubistein, Ritcher o Horowitz. Aquí va nuestro pequeño homenaje.

Jorge Bolet:

Fue uno de los grandes pianistas, compositores, profesores y directores de orquesta del siglo XX. Es especialmente recordado por ser el «gran intérprete de Franz Liszt». Curiosamente, a pesar de ser un niño prodigio, su talento se le reconoció a los 60 años de edad.

Entre sus profesores destacan Leopold Godowsky, Moriz Rosenthal y Josef Hofmann. Ganó el Premio Naumberg y protagonizó grandes y numerosas giras de conciertos. Como pedagogo, su logro más especial fue ocuparse de la jefatura de la cátedra de piano del Curtis Musical Institute (Indiana).

Además, fue el encargado de ponerle música a las partes de piano de la película sobre la vida de Franz LisztSong without end, y es uno de los pocos artistas que grabó los arreglos de los estudios de Chopin.

Sus últimas dos actuaciones fueron la del Carniege Hall de Nueva York y la celebrada con la Filarmónica de Berlín, ambas en 1989, justo un año antes de morir. Sin duda fue uno de los pianistas más técnicos de la historia y con unas capacidades inigualables que le permitían ejecutar y memorizar a simple vista los pasajes más complicados de los notables compositores de la historia.

José Cubiles:

Nacido en Cádiz en 1894, a sus 5 años comenzó a estudiar piano y el propio director del conservatorio gaditano le recomendó trasladarse a Madrid para continuar con sus estudios. En la capital, estudió con la excelentísima Pilar Fernández de la Mora, aunque realmente donde finalizó sus estudios pianísticos fue en París, obteniendo el Primer Premio.

Su experiencia como docente comienza dos años después en el Conservatorio de Madrid, allí Cubiles combina esta faceta con la de concertista de fama internacional. Prueba de ello es que estrenó diversas obras, como las Noches en los jardines de España, de Manuel de Falla, en 1916. A todo esto, cabe añadir una cara menos conocida suya: la de director. Tampoco se le daba nada mal, ya que llegó a sostener la batuta de la Filarmónica de Berlín.

Por desgracia, su carrera internacional se vio truncada por la II Guerra Mundial. Además, ya en España, el régimen franquista contribuyó a menguar su carrera como solista.

Sin duda, si hay algo en lo que todos los que lo conocieron coinciden es en su generosidad, su gran talento y su fantásticas cualidades como profesor. Entre sus discípulos con vida más famosos se encuentran Achúcarro, Guillermo González y Mercedes Goicoa. No es casualidad que una de las interpretaciones más notorias que tienen los tres en común sea el famoso concierto para piano de Grieg, amén del repertorio español ejecutado como ellos mismos dicen, «a la manera del maestro».

Cubiles fue quien se encargó de la impartición de la cátedra de virtuosismo pianístico en Madrid hasta que llegó su muerte en 1971.

Ervin Nyiregyházi:

Fue un gran pianista y compositor estadounidense aunque nacido en Hungría en 1903. Su padre, cantante del Royal Opera Chorus de Budapest, detectó que se trataba de un niño prodigio ya que con un año cantaba y reproducía melodías a la perfección, comenzó a componer con dos años y con 3 ya tocaba instrumentos de tecla. Pero no se trataba de un simple amor de padre, ya que se le hicieron estudios psicológicos y pruebas de inteligencia que demostraron que estaba muy por encima de la media. Fruto de estos estudios surgió el libro: «La psicología de un prodigio musical», de Geza Revesz.

Por desgracia, su padre murió cuando él era muy joven y su madre lo alentó a continuar estudiando piano para que pudiesen ganar dinero. No obstante, la relación madre-hijo era muy mala y Ervin se separó definitivamente de su lado. Años más tarde reconoció que llegara a abusar sexualmente de él.

Su carrera como pianista era muy prometedora y su profesor Frederic Lamond le auguraba un gran futuro. Pronto comenzó a dar conciertos, incluyendo grandes actuaciones con orquesta, como el que hizo con la Filarmónica de Berlín. Poco después se trasladó a los Estados Unidos, donde debutó en 1920 ni más ni menos que en el Carnegie Hall.

Por desgracia, tan solo unos años después comenzó a llevarse muy mal con su representante, y acabaron en los tribunales. El fallo fue en contra del pianista, por lo que su vida de concertista se vio fuertemente perjudicada. A partir de ahí hizo un intento desesperado de ser original y tocar sus propias transcripciones pero eso lo hundió aún más. Su carrera estaba acabada y esto sin duda afectó a su vida personal, ya que llegó a casarse hasta en 10 ocasiones y terminó durmiendo en el metro.

Al final de los años 20 parecía que estaba remontando al hacerse músico de sesión en una empresa que creaba bandas sonoras de cine e incluso ejerció como doble de manos en películas con pianistas. Pero de nuevo, su mala gestión personal y financiera, lo llevaron a la ruina. Se sabe que continuó tocando ocasionalmente pero dada su situación, no poseyó un piano propio en unos 40 años.

Algunas de esas apariciones ocasionales fueron las que lo llevaron a los estudios de grabación en 1974 y 1978. Uno de estos discos era íntegro sobre Liszt y con él ganó el premio Record of the Year en el 78, lo que lo devolvió al panorama musical. Sus últimas actuaciones fueron en Japón en 1982.

Su muerte tuvo lugar en 1987 por un cáncer de colon.

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