10 manías de famosos pianistas que jamás imaginarías.

¿Te llaman tiquismiquis o rarit@ por tardar tiempo en colocar tu silla, negarte a tocar X obra o simplemente por algún ritual que tengas para relajar los nervios antes de un concierto? No te preocupes, tras leer estas 10 manías de famosos pianistas, te sentirás de lo más normal.

Como bien es sabido, ya solo con las de Glenn Gould tendríamos para un post entero o incluso para varios, pero vamos a ampliar un poco el punto de mira.

Nº1: Rachmaninov y su terquedad de no tocar la kreisleriana.
El por qué de su negativa es tan turbio como gracioso. Resulta que en un concierto le entraron unas ganas horribles de ir al baño, cada vez las ganas de defecar le resultaban más incontrolables así que no le quedó más remedio que dejar de tocar en medio de la actuación y sin concluir la obra parar correr al servicio. ¿Adivinas qué obra estaba tocando y por qué no la quiso volver a tocar nunca más?

Rachmaninov
Rachmaninov en una foto…esta vez sin urgencias gástricas

Nº2: Los cubrepedales especiales de Mikhail Pletnev.
Somos muchos los que cubrimos los pedales con fundas para que no se desgaste el dorado. Se trata de una costumbre bastante arraigada y popular, razón por la cual existen montones de fundas para pedales en el mercado. Lo raro es la obsesión de Mikhail Pletnev de cubrirlos con unas fundas que no son precisamente de felpa ni terciopelo. Él utiliza preservativos! sí sí…leíste bien. El pianista cubre sus pedales con preservativos y, para ser más exactos, con uno de cada color (quizás para evitar confusiones a la hora de saber qué pedal utilizar…).

Pletnev en concierto
Pletnev, el hombre al que no le caducan nunca los preservativos

Nº3: El amor propio de Vladimir de Pachmann.
No sabemos si esta habría que interpretarla como una manía o como un ego exagerado. Todos nos alegramos cuando un pasaje muy complicado nos sale perfecto en un concierto; pero es que Vladimir de Pachmann se gritaba «bravo» a sí mismo e incluso se besaba las manos cuando, en plena audición, los pasajes difíciles le salían bien. Se ve que le dijeron más de una vez que es importante quererse a uno mismo…

Vladimir de Pachmann
Vladimir de Pachmann a punto de darse un buen aplauso a sí mismo.

Nº4: Las importancia de las comidas de Horowitz.
La comida del día del concierto es muy importante, ¿Quién no tiene un plato estrella que le encanta comer el día de la actuación? Pues los pianistas famosos también los tienen y si no, que se lo digan a Horowitz. Durante su gira rusa de 1985, exigió tener cada día un lenguado fresco pescado en la Bahía de Nueva York (se nota que no escuchara hablar de Galicia por aquel entonces).

Horowitz
Horowitz, todo una máquina de comer lenguados

Nº5: La reina de las posaderas de Glenn Gould.
Tener una banqueta en la que te sientas cómodo para tocar, es primordial pero ¿tanto como para usar la misma durante toda tu carrera y llevarla a todas tus actuaciones? Pues eso es lo que hacía Glenn Gould. Más de uno le llamaría loco, aunque tampoco los escucharía debido a su manía de cantar mientras tocaba.

la silla de Glenn Gould
Glenn Gould con su querida silla

Nº6: Un perro en el camerino para Listz
A muchos les puede parecer buena idea tener un perro en el camerino para jugar con el y liberar tensiones antes de una actuación. Pero los motivos de Listz eran totalmente diferentes. Resulta que Listz, apodado por diferentes medios como «la primera estrella de rock de la historia», levantaba tales pasiones entre las mujeres del público que éstas se volvían locas, se peleaban entre ellas, recogían las colillas del pianista como recuerdo…e incluso le llegaban a arrancar trozos de ropa y de su propio pelo. He ahí por qué ideó lo de tener un perro en el camerino. Así le cortaba el pelo al perro y se lo daba a las mujeres como si fuese suyo para que no lo maltratasen… Parece que no solo las fans del rock son difíciles de complacer…

Listz, la primera estrella del rock
Listz con su melena al más puro estilo «rock star»

Nº7: «Si no me gusta el piano no toco». La máxima de Oleg Karavaichuk.
Muchos hemos pensado esta frase antes de probar el piano que tendremos que tocar en alguna actuación. Aunque generalmente nos comemos el orgullo y acabamos tocando igual. Sin embargo, Oleg Karavaichuk era consecuente y seguía su máxima al pie de la letra. Incluso dejó plantados a los reyes de España por no gustarle cómo sonaba el piano. Él llegaba, daba dos notas y si no le gustaba, se iba. Literalmente, sea quien sea el público. Igual es por eso que era el único autorizado para tocar el piano de los zares que está custodiado en el museo Hermitage de San Petersburgo.

Oleg Karavaichuk
No tenemos palabras para describir que hace Oleg Karavaichuk en esta posición…

Nº8: El candelabro de la suerte de Liberacce
Muchos músicos tienen un amuleto que los acompaña en sus actuaciones. Algo que da suerte, inspira confianza o, simplemente, transmite apoyo moral. Liberacce comenzó siendo muy pobre, tanto que con su primer sueldo por una audición se compró un candelabro (bastante necesarios en la época). Desde entonces siempre estaba encima del piano del teatro en el que tuviese que tocar, incluso cuando ya era rico y famoso.

Liberacce al piano
En todos los conciertos de Liberacce verás su candelabro al piano….si los brillos te dejan

Nº9: La desconfianza de Richter
En este mundo hay gente un poco desconfiada, gente que no se fía de nadie y luego está Richter. El famoso pianista, cuando hacía sus giras por Europa, solo viajaba en coche y acompañado por su pasapáginas, su afinador y su secretaria. Nadie más podría ejercer esas funciones salvo ellos y solo ellos. Ritcher era una persona llena de manías, hasta para estudiar. Tenía épocas en que se obsesionaba con el estudio de sus obras y pasaba hasta 12 horas al día estudiando, pero también tenía épocas de rechazo en las que podía pasar meses sin tocar el piano.

Richter
Desconfianza de grado 9 en la escala de Richter

Nº10: El piano viajero de Arturo Benedetti Michelangeli
Todos sabemos que en nuestra casa y, especialmente, en nuestro piano, las obras nos salen mucho mejor. Esto lo sabía también Arturo Benedetti Michelangeli, que iba de gira en gira con su piano a cuestas. Quizás por eso cancelaba casi más conciertos de los que daba, bueno, por eso y porque pasó una época con su mano izquierda prácticamente inmovilizada.

Arturo Benedetti Michelangeli 
Benedetti Michelangeli pensando como moverá su piano para el próximo concierto

Y hasta aquí nuestro top ten de manías de famosos pianistas. Si crees que hay alguna otra que debería de estar en nuestro ranking, no dudes en compartirla con nosotros.

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