piano-pédalier

El piano-pédalier vuelve a estar de moda.

En el siglo XIX hubo muchos avances relacionados con la construcción de pianos, además de un buen montón de curiosos artilugios para mejorar la técnica interpretativa. De entre todos ellos, hay un invento de mediados del XIX que actualmente está dando mucho de qué hablar: el piano-pédalier o piano de pedales. Este piano vuelve a estar de moda gracias a los conciertos de pianistas como Roberto Prosseda.

El piano-pédalier es un tipo de piano que cuenta con un sistema de pedalera, similar al de los órganos. Surgió a mediados del siglo XIX, en la fábrica Érard. Tal fue el revuelo que causaron en su momento, que hasta el mismísimo Franz Liszt pidió en repetidas ocasiones que le construyesen uno.

Orígenes del piano-pédalier

Este extraño piano, que a simple vista puede parecer un híbrido entre el órgano y el piano, en realidad es un simple piano de cola al que se le añadió una pedalera para aumentar su riqueza acústica y polifónica, como sucede con los órganos.

El por qué de su creación es algo que no se conoce con total certeza. La mayor parte de los musicólogos y expertos parecen coincidir con que fue un intento de acercar la música sacra a los hogares. Era una época en la que lo sagrado y lo profano estaban muy separados y existían un montón de prejuicios y normas sobre lo que se tocaba y cómo y dónde se interpretaba. Esto propició la creación de este tipo de instrumentos que permitiesen tocar música reservada a lo culto o sagrado en simples hogares u otros contextos donde hasta el momento era impensable.

Otra de sus grandes ventajas era la facilidad de construcción, transporte y aprendizaje-interpretación que ofrecían frente a los monumentales órganos de las iglesias o catedrales.

Evolución.

Este tipo de piano no fue un invento que surgió sin más en la década de 1840 y 1850. En realidad, se trata de una herencia de los instrumentos de tecla del tipo clavecines y clavicordios con pedales que se diseñaban en el siglo XV, de los que se retomó la idea de su construcción en el siglo XVIII.

Fue el erudito Paulus Paulirinus el primero en hablar de estos instrumentos en su tratado enciclopédico del año 1460. Aquí también se comenta el origen de estos instrumentos: la necesidad de poder tocar en las iglesias cuando no se disponía de nadie para accionar los fuelles. Luego, con el paso del tiempo, se emplearon en otros contextos e incluso se conoce que el propio J. S. Bach tenía un clavecín con sistema de pedales. Otro músico muy conocido del que hay constancia que tocó en uno con cierta regularidad es Mozart, ya que en varias cartas dirigidas a su padre lo comenta. Mozart tenía un forte piano al que él mismo pidió que se le añadiera un sistema de pedales independientes (realizado finalmente por el fabricante Anton Walter).

Lo que propició que en el siglo XIX se llevase a cabo y con éxito su construcción fue el apogeo de obras para pianos con pedalera o para pedales de piano. Incluso compositores como Robert Schumann se unieron a esta moda.

Existen evidencias de que el ejemplar de Robert Schumann era un piano vertical con 29 notas en la pedalera que fue construido por Schone, mientras se encontraba en Dresde. Con este instrumento en casa, Schumann compuso varias obras para piano con pedalera (Opus 56, 58 y 60) y se convirtió en un auténtico fan de su piano con pedales. Incluso comenzó a insistirle a otros pianistas que modificasen sus pianos para añadirles este peculiar sistema de pedaleras. Uno de ellos, fue Félix Mendelssohn.

La casa de pianos Érard es a la que se le atribuye el logro de la primera fabricación de un piano (como tal) con pedales. Su primer ejemplar se expuso al público en la famosa Feria Mundial de Londres de 1851. Hay indicios basados en correspondencia conservada de la época que apuntan a que Liszt fue el que presionó a estos constructores de piano a fabricarlo. Precisamente de Liszt se conservan varias obras originales en cuyas portadas se ve que están claramente compuestas para ser tocadas en este particular instrumento (pedalflügel en alemán).

Funcionamiento.

Su funcionamiento no es como el del órgano (a pesar de su similitud visual). Aquí, la pedalera actúa «in tirasse» en las 32 notas graves del teclado. Es decir, pisando las notas de la pedalera, activamos las notas correspondientes en el piano, sin necesidad de pulsarlas con los dedos. Esto nos permite aumentar las posibilidades polifónicas de nuestro instrumento. Nos permite tocar con las manos en las regiones central y aguda del piano y, al mismo tiempo, hacer sonar las notas graves del piano con los pies.

«In tirasse» es un término que se emplea para diferenciar lo que se debe tocar con las manos de aquello que está pensado para ser interpretado con los pies. Los términos fueron acuñados en la Edad Media. In tirasse indica tocarse con los pies (notas de la pedalera), mientras que in tapasse significa que debe tocarse con las manos (notas del teclado manual).

Este sistema de pedalera no es como el de los órganos, por lo que su aprendizaje también era diferente.

Tanto en el siglo pasado como en el actual, diversos compositores han creado obras para este tipo de pianos y diferentes intérpretes las han incluido en sus programas habituales. El más conocido de ellos a día de hoy es el pianista italiano Roberto Prosseda, a quien puedes ver tocando el Preludio Op. 66, Nº 4 de Alkan en un piano-pédalier en el siguiente vídeo:

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