InicioHistorias de la músicaEl oficial nazi que luchó por el jazz frente al tercer Reich

El oficial nazi que luchó por el jazz frente al tercer Reich

El nombre de Dietrich Schulz-Köhn es bastante desconocido en el mundo hispanohablante. Sin embargo, es una figura clave en la defensa y la promoción del jazz en Alemania desde antes de la Segunda Guerra Mundial hasta casi nuestros días.

Su labor como periodista e impulsor del swing y el jazz en Alemania desde después de la guerra hasta su muerte fue importantísima. Sin embargo, lo que más llama la atención fue todo lo que hizo por estos géneros durante la guerra y los años previos de dominio nazi.

El jazz durante el tercer Reich

Desde su llegada al poder en 1933, los nazis moldearon todos los aspectos de la vida alemana. Uno de los aspectos donde hicieron especial hincapié para poder dotar al pueblo de una nueva identidad, más acorde a sus fines, fue la cultura. Como no podía ser de otra forma, esto incluía la música.

En aquella época, el jazz era la banda sonora de la vida nocturna en ciudades europeas como Berlín, París o Varsovia. Una música que se asienta en los principios de la libertad, con raíces americanas e interpretada en gran parte por judíos y negros, no tardó en estar en el punto de mira de los dirigentes nazis. Fue tachada de «música degenerada» y acabaría siendo prohibida, junto a otros estilos como el tango y el foxtrot.

Hay que entender que esta prohibición no llegó de la noche a la mañana. Esta «música americana negrojudía de la selva» (cita de Goebbels), sufrió años de desprestigio antes de ser totalmente prohibida.

Cartel de un mono con una estrella de seis puntas tocando «música degenerada»

Esta prohibición y persecución no se limitaba solo Alemania, sino que se extendía a los territorios ocupados durante la guerra. Sin embargo, los amantes del género no estaban dispuestos a renunciar a su música favorita y siguieron disfrutando de ella, a pesar de los riesgos.

Dietrich Schulz-Köhn

Existe una imagen tomada durante la ocupación nazi de París que no puede resultar más extraña. Se tomó en las puertas del club «Cygale» y en ella podemos ver a un hombre con uniforme alemán junto a 6 personas, 4 de ellas negras. La imagen se torna más extraña al saber que las otras dos personas eran un judío y un gitano.

El gitano, a la derecha de todo, no es otro que el gran Django Reinhardt. Los 4 hombres negros formaban las única «black band» de jazz que había en París en aquel momento. El hombre de la izquierda es Henri Battut, un judío de origen francés que poco más tarde tendría que esconderse.

El oficial alemán de la foto no es otro que Dietrich Schulz-Köhn, teniente de la Luftwaffe y miembro del partido nazi desde 1938. Un hombre que no dudó en saltarse todas las normas del partido y poner en juego su vida por amor al jazz.

Durante la década de los 30, trabajó en Alemania como editor de varios sellos de jazz y colaboró con varias revistas extranjeras. Desde 1935 fue miembro de la asociación Hot Club de France de Charles Delaunay, con quien seguiría manteniendo contacto aún cuando uno era teniente de la Luftwaffe y el otro miembro de la Resistencia.

Incluso llegó a editar un pequeño periódico clandestino durante la guerra junto a Hans Blüthner y Gerd Pick para los aficionados al jazz que incluía cartas de fans y un pequeño servicio de noticias. El periódico se distribuía en formato de circular y se trataba de disimular con la propia imagen de Dietrich Schulz-Köhn de uniforme, por si caía en manos de quien no debía. Aunque cualquiera que se hubiera parado a leerla, se daría cuenta de que todo trataba de jazz.

Schulz-Köhn también corrió otros riesgos por su amor a la música. Cuando Django Reinhardt fue arrestado (por jazzman y por gitano), escribió una carta para que tanto él como su familia pudiesen volver a París. Además, se dice que cuando Henri Battut (el judío de la foto) estuvo escondido, Schulz-Köhn lo ayudó con alimentos.

¿Cómo puede ser que un teniente de la Luftwaffe tuviese este comportamiento? ¿Realmente creía en los ideales nazis?. Viendo su historia, es evidente que no veía muchas cosas como las veían sus superiores, sin embargo, mantenía una actitud de apoyo al régimen. Su compañero de periódico, Hans Blüthner, opinaba que «Cualquiera que esté interesado en el jazz no puede ser un nazi«. Sin embargo, Hans-Otto Jungs otro miembro del círculo de jazz, opinaba lo siguiente: «Él era el único en nuestro pequeño círculo de aficionados al jazz, que no querían creer lo que estaba pasando en Alemania. Actuaba como un antinazi, pero cuando hablabas con él… bueno, era esquizofrénico.” 

Agus Rodríguez
Creador de contenidos online y experto en marketing digital y RRSS. Cofundador de Maldito Piano. Amante del deporte y la buena comida. La música me ayuda a viajar cuando mi presupuesto no me lo permite.

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