Máquina de escribir partituras

Una máquina de escribir partituras.

Todos los que hemos tenido que pasar muchas horas escribiendo partituras sabemos que es algo bastante lento. Hay que ser muy cuidadoso a la hora de escribirlas, porque un pequeño desvío en la altura del pentagrama puede echar al traste tu transcripción.

Además, como seas poco cuidadoso, acabarás teniendo una partitura que podrás leer tú pero que nadie más entenderá.

Por supuesto, hoy en día existen muchos softwares que nos permiten escribir las partituras de manera cómoda, en el ordenador. Pero no siempre hubo ordenadores. Por eso, en los años 30, a alguien se le ocurrió crear una máquina de escribir para partituras.

máquina de escribir música

La máquina de escribir partituras fue un invento de Robert H. Keaton en 1936, en California. Su primera versión contaba con 14 teclas aunque, en 1953, presentó una versión mejorada con 33 teclas.

La Keaton Music Typewrite, que así se llamaba el invento, comenzó a comercializarse en la década de los 50 por unos 225$. Lo cierto es que no fue ningún éxito comercial: el público objetivo para este objeto era muy reducido, el precio elevado y, además, no era sencillo de utilizar. Todo esto hizo que se interesaran por ella escuelas de música y pequeñas editoriales centradas en el mundo de las partituras. Sin embargo, fue un invento que no cuajó entre los músicos, quienes prefirieron seguir escribiendo sus partituras a mano.

Máquina de escribir partituras

¿Cómo funciona la Keaton Music Typewrite?. Lo primero es fijar la hoja con los pentagramas a la tabla de la máquina de escribir. Esta se desliza por unos rieles fijos a la tabla, tanto en vertical como en horizontal. Una vez a la altura correcta, se ajusta la posición exacta del símbolo a imprimir, utilizando el delineador. Por último, hay que girar el disco del teclado hasta dar con el símbolo que se quiere imprimir en la hoja y pulsar la tecla como en una máquina de escribir normal.

Hoy en día es bastante extraño ver alguna de estas máquinas de escribir partituras. Suelen encontrarse en museos y colecciones privadas y pueden alcanzar un valor de hasta 6.000$

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