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Las dos muertes del pianista Friedrich Gulda

Friedrich Gulda fue, sin duda, uno de los mejores y más excéntricos pianistas que nos dio el siglo XX. Su talento al piano solo era superado por su actitud excéntrica en todo lo que lo que hacía, lo que provocaba la ira de los puristas del clásico que no podían comprender como alguien con nivel podía tomarse la música de una manera tan poco seria.

Sin embargo, donde muchos veían provocación, Gulda veía libertad. Amaba la música, pero no todas las normas no escritas que la rodean y se revelaba contra ello. El resultado fue una carrera que, aunque llena de éxitos, estuvo llena de momentos que el público no acabo de entender.

Un genio extravagante

Friedrich Gulda nació en Viena en 1930. Comenzó a aprender piano con 7 años y con 16 ganó el Concurso Internacional de Ginebra. Con 20 años ya giraba haciendo conciertos por todo el mundo, formando lo que se llamó «la troika vienesa» junto a Jörg Demus y Paul Badura-Skoda.

Era minucioso hasta el extremo preparando las obras de su repertorio, que incluía obras de los grandes maestros como Beethoven, Mozart o Chopin. Con 20 años ya presentaba en concierto  la versión integral de las 32 sonatas de Beethoven.

Sin embargo, detestaba el conservadurismo que rodeaba a las salas de concierto, contra el que se revelaba en su indumentaria, formas y aspectos de la composición.

«Soy pianista clásico a pesar mío» – decía el propio Gulda. Sin embargo, a pesar de su virtuosismo, su actitud sobre el escenario no era como la de los demás pianistas clásicos, sino mucho más informal, lo que levantaba muchas voces en su contra. Su vestimenta también era diferente, vestía siempre de manera informal y con un peculiar gorrito de colores.

Pero donde más se notaba su actitud era en su repertorio. Su apertura de miras le llevaba a introducir obras contemporáneas entre los grandes clásicos, lo que para muchos puristas suponía una herejía. Sus conciertos eran toda una sorpresa, o no anunciaba su programa o lo cambiaba minutos antes de empezar el concierto.

En toda su carrera tuvo una única alumna que, además de una gran formación como pianista, heredó parte de su actitud rebelde: Martha Argerich

Su idilio con el jazz

Friedrich Gulda nunca siguió los mismos derroteros que la mayoría de los intérpretes clásicos y siempre estuvo abierto a otros estilos. El jazz llamaba especialmente su atención. Una noche, tras un concierto en Nueva York, se dirigió al club de jazz Birdland, donde estuvo tocando con los músicos que allí se encontraban hasta el amanecer.

A partir de ese momento sus incursiones en el jazz se multiplicaron. Empezó a incluir obras de jazz tanto en su repertorio como en sus composiciones y a invitar a importantes figuras del jazz a sus conciertos como Herbie Hancock o Chick Corea. Incluso llegó a fundar su propio festival de jazz en Viena: el Concurso Internacional de Jazz Moderno.

No sabemos si movido por su creatividad o por el puro placer de escandalizar, lo cierto es que con el paso del tiempo, Gulda tenía actuaciones cada vez más excéntricos: llegó a tocar en discotecas con go-gos bailando, a dúo con un DJ e, incluso, apareció desnudo en un recital de TV.

El pianista que murió dos veces

Debido a su actitud ante la música, no es difícil imaginar su mala relación con críticos y puristas. «En toda Viena no hay un solo crítico musical capaz de honrar debidamente el rendimiento musical de mi vida.» – decía.

El 28 de marzo de 1999, los periódicos anunciaban la muerte de Friedrich Gulda, quien llevaba tiempo muy enfermo. Sin embargo, fue el propio Gulda quien hizo correr ese bulo y pocos días después organizó su fiesta de resurrección. «Qué lástima, hay más de uno que seguramente se puso contento antes de tiempo» – dijo antes de tocar.

Este hecho sirvió para enfrentarse un poco más con la prensa de su ciudad, a quienes llegó a prohibir que anunciasen su muerte cuando esta se produjese de verdad. Lo cierto es que esta prohibición no tenía mucho sentido, porque se limitaba a la prensa de su ciudad. En cuanto llegó su muerte (la auténtica), todos los periódicos del país y del resto del mundo se hicieron eco de ello. Como suele pasar muchas veces, quienes lo criticaron sin parar en vida, lamentaron su muerte y la pérdida de su talento.

Gulda había anunciado en alguna ocasión su deseo de morir el mismo día en que nació uno de sus ídolos: Mozart. Su deseo se vio cumplido, el 27 de enero del 2.000 Friedrich Gulda murió por un paro cardiovascular. Tenía 69 años.

Agus Rodríguez
Creador de contenidos online y experto en marketing digital y RRSS. Cofundador de Maldito Piano. Amante del deporte y la buena comida. La música me ayuda a viajar cuando mi presupuesto no me lo permite.

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