InicioHistorias de la músicaEl día que Al Capone secuestró a Fats Waller.

El día que Al Capone secuestró a Fats Waller.

Corrían los locos años 20 en Estados Unidos y el jazz inundaba las grandes ciudades como Chicago. La ciudad estaba llena de locales donde se hacían grandes fiestas, se tocaba jazz hasta altas horas de la madrugada y, a pesar de la ley seca, el alcohol corría a raudales. En esa escena musical, se abrió paso hasta llegar a la cima el pianista Fats Waller.

A pesar de haber nacido en Nueva York y ser hijo de un pastor bautista, Fats Waller encajaba a la perfección en el espíritu de Chicago. Fiestero, mujeriego y con un don especial para tocar el piano, pronto despuntó como uno de los mejores pianistas de la historia del swing.

En palabras de Eddie Barefield (saxofonista y amigo de Waller), este podía sentarse al piano con un galón de wishky de contrabando y bebérselo entero a lo largo de la noche, sin que se le notase en su manera de tocar. También recuerda que Fats Waller podía tocar sin parar durante 48 horas seguidas y luego pasarse dos días durmiendo.

Fats Waller era uno de esos músicos que realmente disfrutan de lo que hacen y lo convierten en su estilo de vida. Era muy normal que una vez acabada la actuación y ya sin público, se quedase en el local junto con otros músicos, tocando y de fiesta hasta bien entrada la madrugada.

El encuentro con Al Capone

Una noche, tras estar tocando y de juerga, Fats Waller salía del club donde estaba cuando dos mafiosos lo secuestraron a punta de pistola. Le taparon los ojos y le obligaron a subirse un coche.

Fats Waller se temía lo peor y estuvo muerto de miedo durante el viaje en coche y el camino que le hicieron hacer con los ojos tapados. Pero cuando lo sentaron y le dejaron mirar, resultó que estaba en mitad de la fiesta más lujosa que había visto nunca.

El que parecía ser el anfitrión de aquella fiesta le pidió perdón por traerlo de aquella manera, pero debían de mantener en secreto el lugar de la fiesta. Aquel hombre resultó ser Al Capone, estaba de cumpleaños y quería que Fats Waller se uniera a la fiesta y tocase para él.

Waller no necesitaba mucho para unirse a una buena fiesta, así que, pasado el susto inicial, se dedicó a lo que mejor sabía hacer, beber y tocar el piano. La celebración duró 3 días, en las que Waller no paró de tocar, haciendo solo pequeñas paradas para echar una cabezada de vez en cuando.

Cuenta su hijo que los mafiosos le metían un billete de 100 dólares de propina cada vez que tocaba una canción, lo que era un gran incentivo para seguir tocando.

Pasados los tres días y acabada la fiesta, los mafiosos taparon los ojos de Waller y lo llevaron de vuelta a la puerta del club donde lo habían «recogido». Tras esto, Waller se fue a dormir a su casa, con el sueño alterado y miles de dólares en el bolsillo.

Algunos musicólogos ponen en duda esta historia, ya que no hay documentos que la acrediten. Sin embargo, si se conoce el amor de Al Capone por el jazz y se sabe que acudió a muchas actuaciones de grandes músicos. Por otra parte, Fats Waller fue toda una leyenda de la época y no tenía ninguna necesidad de inventarse una historia así.

Agus Rodríguez
Creador de contenidos online y experto en marketing digital y RRSS. Cofundador de Maldito Piano. Amante del deporte y la buena comida. La música me ayuda a viajar cuando mi presupuesto no me lo permite.

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