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Pianos y sentadillas; porqué debes de hacer deporte si eres músico

¿Alguna vez te has parado a pensar en todas las horas que te pasas sentado estudiando piano? Y si, además, estudias en un conservatorio, súmale las horas de estudio de historia, armonía, análisis, organología, etc. ¿Y si sumamos también las horas de clase? Exacto, te pasas todo el santo día sentado o acostado (que los músicos a veces también dormimos).

Ahora viene el momento de las excusas: que entre clases, estudio y blablabla no tienes tiempo de ir a un gimnasio, que tu dolor de espalda no tiene nada que ver con esto, que los fisioterapeutas son muy caros, etc. Tranquilo, en Maldito Piano nos las conocemos todas, ya lo hemos vivido y, precisamente por eso, vamos a explicarte lo lejos de la realidad que estás.

No se puede vivir de excusas.

Los pianistas somos las personas más ocupadas del mundo (o eso se empeñan en hacernos creer la mayoría). Pero ¿alguna vez has dedicado 30 segundos a buscar en Google las programaciones o asignaturas de otros conservatorios de otros lugares del mundo? Seguro que sorprenderías.

En muchos conservatorios, actividades físicas como natación, fitness, etc. forman parte de la plantilla de asignaturas obligatorias. Otros hasta cuentan con entrenadores personales y fisioterapeutas dentro del cuadro del personal laboral del centro (gratis para el alumnado).

Obviamente, no estamos hablando de España. Aquí la sensibilidad con los músicos se limita a que tu médico te diga:»pues si te duele al tocar, deja de tocar«. Pero no nos podemos quejar, eres afortunado si en tu comunidad autónoma no están cerrando conservatorios, cargándose a las orquestas sinfónicas, reduciendo plantillas, horas, etc. ¿Música para qué? Con saber de fútbol es suficiente.

En fin, volvamos a los maravillosos lugares donde se preocupan por los estudiantes de música.

Como decíamos, en muchos centros se preocupan por cuidar la actividad física de sus alumnos. El piano no es solo aprender a sentarte y bajar teclas con los dedos. O fortaleces y ejercitas tu cuerpo, o los dolores y molestias serán continuos. Y eso por no mencionar que el riesgo a sufrir lesiones graves, aumenta.

El experto Guillermo Dalia, exponía las bases del problema de la siguiente manera: “El 75% de los músicos sufrirá alguna lesión en su cuerpo que podrá ser grave en alta probabilidad, esto es una barbaridad, pero seguimos sin tomar medidas. Los profesores tienen la responsabilidad de sensibilizar a los alumnos y dotarles de herramientas para paliar esta cifra, con cursos sobre el cuidado físico y mental, ofreciendo en cada clase herramientas y posibilidad para que los alumnos realicen ejercicios de calentamiento, estiramiento, relajación, para hacer mejor su tarea y para prevenir futuras lesiones.”

La investigadora Clara Gallego, que también ha ahondado mucho en este tema, aclara lo siguiente: «El cuerpo técnico de las orquestas profesionales debería tener igual que los equipos de fútbol un psicólogo, un preparador físico, un fisioterapeuta… Eso sería ideal porque a niveles profesionales esto (las lesiones) se multiplica» «La música No es diferente al deporte«.

Claro está, el profesor de piano en su hora de clase (media hora en algunos centros) no tiene tiempo a explicar el pasaje u obra de ese día y ponerse a hacer ejercicios de fortalecimiento de lumbares y cervicales, manguito rotador, etc. Una clase no da para tanto. ¿Solución? O bien incluir en el horario lectivo asignaturas como yoga, natación, fitness, etc. o bien recomendar encarecidamente a sus estudiantes que lo hagan por su cuenta. Y esto es algo que no hacen todos los profesionales de la enseñanza actual, aunque lleva siglos planteándose. Hay constancia de grandes pianistas y pedagogos que a lo largo de la historia han obligado a sus alumnos/as a practicar deporte o realizar ejercicios físicos antes y después de clase, pero también en su día a día.

¿No tienes tiempo, no te gusta sudar, el deporte no es lo tuyo? Puedes poner todas las excusas que quieras, pero lo cierto es que si quieres ir en serio con el piano, deberás levantar el culo de la banqueta.

Preparación física de un músico.

Para poder afrontar largas sesiones de prácticas sin que nuestro cuerpo se resista, es necesario mantener cierta forma física. Al contrario que en otros deportes, que se trabaja el cardio y la resistencia aeróbica, los músicos nos hemos de centrar en el tono muscular.

1. La resistencia muscular.

Las sesiones de práctica de piano suelen durar varias horas. En ellas, realizamos un esfuerzo muscular durante un periodo de tiempo muy prolongado. Es necesario que trabajemos la resistencia muscular, sobre todo de nuestra espalda, hombros y brazos. Una buena resistencia muscular, nos preparará para las largas sesiones que realizamos en casa, clase y audiciones.

Para ello debemos de buscar ejercicios específicos para la parte superior de nuestro tronco y trabajarlos con muy poco peso y muchas repeticiones.

2. La fuerza muscular.

Trabajar ejercicios de musculación mejora nuestra base muscular al tiempo que disminuye la proporción de grasa y aumenta la de músculo. Al piano se traduce en poder aguantar la posición durante más tiempo, evitar dolores y lesiones, etc.

La fuerza muscular se trabaja al revés que la resistencia, mucho peso y pocas repeticiones. Siempre hemos de tener en cuenta que cuando se habla de «mucho peso», nos referimos siempre a un peso dentro de un rango que puedas manejar. Para trabajar la fuerza es aconsejable dividir nuestro cuerpo en partes específicas (espalda, brazo, hombro, cuello…) y trabajar cada día una de esas zonas con varios ejercicios específicos.

El core es la base que sustenta nuestro tronco

3. Corregir las descompensaciones musculares.

Contar con descompensaciones en el desarrollo de los músculos es algo muy frecuente en los músicos. Esto es debido principalmente a que nos centramos en los más evidentes, o que simplemente se fortalecen por si mismos debido a la práctica diaria del piano. Esta situación es la que hace que surjan descompensaciones que terminarán favoreciendo dolores o la adopción de malas posturas. Los músculos no suelen trabajar de manera individual y aislada. De hecho, para hacer un simple movimiento, entrarán en acción varios músculos, algunos de ellos desconocidos por la mayoría de nosotros.

Es importante ser consciente de qué músculos o partes del cuerpo están realmente implicados en nuestras rutinas, aunque no sean obvios a simple vista. Por ejemplo, hacer ejercicios que impliquen al manguito rotador son muy importantes para los pianistas.

La zona lumbar y el cuello suelen ser dos grandes olvidados por los pianistas, ya que parece que la fuerza no se hace justo en esas zonas. Sin embargo, lumbares y cervicales son dos de los dolores más comunes. Un core y un cuello fuertes son fundamentales para sostener nuestro tronco y nuestra cabeza sin que haya dolores, así que no olvides de trabajarlos. También debemos de reforzar el resto de zonas que trabajan en la cadena muscular: trapecios, abductores, glúteos, etc.

4. La flexibilidad.

La flexibilidad es algo que mejora directamente el flujo sanguíneo en los músculos. Además, es vital practicarla para que no se nos agarroten los músculos y articulaciones. Pero no solo en los momentos inmediatamente previos/posteriores a estar en el piano. Es importante trabajarla fuera del piano y a poder ser, a diario. Al fin y al cabo, prevenir lesiones es tan importante como practicar.

El pilates o el yoga son una gran opción para contar una buena flexibilidad, aunque existen gran variedad de ejercicios que puedes hacer por tu cuenta. Es muy importante trabajar la flexibilidad de manera progresiva y constante. Si estiras un día como un loco y luego pasas días sin hacerlo, acabarás rompiendo algo.

5. Workouts específicos.

¿Sabías que a los músicos nos llaman los deportistas de músculo pequeño? Esto es porque trabajamos y desarrollamos especialmente músculos que otro tipo de personas o deportistas no suelen tener demasiado en cuenta. Aquí destacamos especialmente los músculos de las manos y la cara, aunque no siempre seamos conscientes de lo mucho que los trabajamos.

Como era de esperar, cuando asistes a un gimnasio es raro ver a alguien trabajando los cigomáticos o los aductores de los meñiques. Por eso es importante explicar nuestra condición de músicos o pianistas, o bien dar con algún médico/entrenador especializado en músicos para que nos paute una rutina de ejercicios que tenga en cuenta estos músculos que habitualmente no se tienen en cuenta pero que para un músico son tan importantes.

6. Evasión mental.

No es algo que se practique como tal durante la rutina de ejercicios pero sí que es una consecuencia muy positiva de realizarlos. Mientras entrenas o estiras, tu cabeza desconecta de todos esos millones de notas y de las presiones que nos autoimponemos. Además, durante la práctica del deporte, se generan endorfinas. Esto hace que luego, al regresar al piano, todo fluya muchísimo mejor.

Deportes para músicos.

Una excusa habitual entre músicos reacios a entrenar o practicar deporte, es el miedo a lesionarse por culpa de la actividad física. Esto no deja de ser una generalización, llevaba al absurdo.

Con practicar deporte o entrenar no te estamos diciendo que busques el de más alto riesgo del mundo y lo practiques. Hay muchísimos ejercicios que mejorarán tu cuerpo y que no dañarán tus manos, muñecas o la parte del cuerpo que temas. Recuerda que entre hacer un workout con ejercicios personalizados para ti, y convertirte en una estrella del Brazilian Jiu Jitsu hay un mundo.

No necesitas apuntarte a deportes de contacto o realizar ejercicios peligrosos o de riesgo. No obstante, se conocen muchos músicos que los practican y con cuidado y un entrenador cualificado, no tienen problema. El propio Billy Joel es boxeador amateur y continúa saliendo a tocar el piano por los escenarios de todo el mundo.

De hecho, hay un problema mucho más grande entre los conocidos como deportes para músicos. Muchas veces vemos por nuestro barrio anuncios de yoga para músicos, pilates para músicos, y muchas actividades con el apellido para músicos. La sorpresa llega cuando la persona que las imparte no sabe diferenciar a un pianista de un oboísta, o a un músico de un camionero. Por favor, asegúrate que el personal sea cualificado, que existe mucho fraude con este tema. Y los daños pueden ser considerables.

Siempre que el personal sea cualificado y entienda no solo de deporte sino de las dolencias y necesidades de los músicos, da un poco igual que asistas a clases de físico, yoga, capoeira o lo que quieras. Ojo, aquí también aclaramos que no es solo hacer el deporte, recuerda que necesitas esa parte de ejercicios personalizados para fortalecer tu musculatura específica. Solo con practicar aerobic no te bastará.

Algunos deportes de los denominados «para músicos» que más triunfan son: natación (ejercitas un gran número de músculos y el riesgo de lesión es mínimo), running (principalmente para liberar estrés y desconectar) y pilates o yoga (postura y flexibilidad),

No obstante, en muchos países está habiendo talleres posturales para músicos que incluyen rutinas de ejercicios. No sólo nos referimos a los de técnica Alexander que ya son tan conocidos entre los alumnos de conservatorios por España. En Venezuela, por ejemplo, han celebrado talleres de «entrenamiento corporal para músicos» en su emblemático teatro Teresa Carreño. En dichos talleres ahondaron en la importancia del entrenamiento físico para los músicos de forma teórica y lo han llevado a la práctica con ejercicios específicos para cada instrumentista. Al fin y al cabo, un flautista no tiene exactamente las mismas necesidades que un pianista. Aquí cuanto más personalizado, mejor.

Lesiones neuronales: la distonía focal.

Hemos hablado de que las principales dolencias de los músicos son de tipo muscular, como las tendinitis, sobrecargas musculares, pinzamientos, luxaciones, etc. Pero ¿Qué pasa cuando el problema está en nuestra mente y no en el músculo?

Pongamos la siguiente situación: Llevas años dedicándote a tu instrumento ensayando a diario. Ya pasaste por los típicos dolores de espalda, algunas lesiones leves… Y así sin previo aviso, una mañana llegas a tu piano y tu dedo simplemente no es capaz de bajar la tecla. Tu cerebro le ordena a los dedos que se pongan a tocar el piano, pero ellos no se mueven, no bajan la teclas por más que lo intentes. ¿Qué sucede?

Esto es una dolencia de tipo neuronal conocida mundialmente como distonía focal. En el artículo 295 de la revista Elsevier de neurología se hace la siguiente descripción: «Un grupo especial de distonía focal son las conocidas como ocupacionales, las que incluyen trastornos distónicos desencadenados por una actividad motora repetitiva, íntimamente relacionada con la actividad profesional o tarea específica que realiza el afectado. En este sentido los músicos son una población especialmente vulnerable a esta patología, que se presenta durante la ejecución de movimientos altamente entrenados«.

Clínicamente, se caracteriza por aparición de contracción muscular involuntaria y se asocia a pérdida del control motor durante la ejecución musical. No obstante se concentra en una zona específica (no se generaliza a todo el cuerpo), y por eso se denomina focal.

No pienses que es algo muy extraño que será muy raro que pueda pasarte. Diferentes estudios de universidades europeas y estadounidenses confirman que al menos un 1% de los músicos lo padece y que se da con más frecuencia entre pianistas, violinistas y guitarristas.

Aquí no hay una solución común para todos los casos. A veces se necesitan fármacos, y otras un reentreno generalizado. Esto último es bastante frecuente entre músicos profesionales que estaban sometidos a una práctica muy intensa. Básicamente consiste en volver a «aprender» a tocar, reeducando los hábitos. De no hacerlo, el riesgo a volver a la distonía focal es muy alto. En una minoría de casos, también podría ser necesario practicar cirugía a los nervios de los músculos afectados. No obstante, los riesgos de estas operaciones (desfiguraciones, pérdidas de movilidad irreversibles…) hacen que se consideren un último recurso, para cuando fármacos y otras soluciones ya fracasaron.

¿Y cómo ayuda la música al deporte?

Muchas veces vemos noticias en las que nos muestran a un conocido deportista de élite entrenando con una música muy concreta o que, para sorpresa de muchos, entre sus rutinas incluye el aprender a tocar un instrumento musical. ¿Para que querría un boxeador de élite aprender a tocar el piano? ¿Y un tenista o un piloto de F1?

Aquí la musicoterapia juega un papel muy importante y los entrenadores de élite lo saben y se valen de ella para sacar el mayor rendimiento a los deportistas profesionales. Así, saben qué canciones o ritmos hacen que respiren mejor, se concentren más, corran más rápido, se esfuercen más, etc. Y lo mismo para la parte de la relajación.

La principal razón radica en que al entrenar con música, solemos adaptarnos a sus BPM, es decir, a lo que los músicos conocemos como pulso. En este ámbito encontrarás cientos de estudios realizados por todo el mundo. Y como datos comunes, el más significativo es que los deportistas que entrenan al ritmo de la música, necesitan un 7% menos de oxígeno que otro que no lo hace. Esto también implica que su gasto de energía es menor. Y claro, en un combate, carrera, etc. estos detalles pueden suponer la victoria.

Además, la música no es que logre que nos duela físicamente menos, pero sí que nos distrae mentalmente del dolor, y ayuda a incrementar nuestra resistencia y la eficiencia metabólica.

Uno de los ejemplos más claros es el conocido nadador Michael Phelps, quien tenía una playlist muy particular para entrenar y aumentar su motivación. Aquí muchos de los temas eran de hiphop. Pero de nuevo, no caigas en la generalidad de pensar que para nadar muy rápido, debes escuchar hiphop. También hay estudios que concluyen que tocar el tercer concierto para piano de Rachmaninov equivale (en desgaste físico) a palear 3 toneladas de carbón y esto no significa precisamente que los pianistas sean los mejores mineros del mundo (y viceversa).

No obstante, existe una lista del top ten de canciones en las que todos los estudios concuerdan que son las más efectivas y valoradas por los entrenadores de élite. Entre ellas están el famoso Eye of the tiger de Survivor, Jump de Van Halen, o Don’t Stop Me Now de Queen. No es que los deportistas sean más roqueros que los demás habitantes del planeta. Como decíamos al principio, los BPM de la canción son muy importantes, y es más habitual encontrar los idóneos en este género de música. Sin ser de rock o metal, tendríamos algún ejemplo como Bump it, de The Black Eyed Peas o diferentes temas del rapero Eminem.

Y de forma muy resumida hemos visto cómo la música ayuda a la hora de entrenar. Pero escuchándola de una forma pasiva. ¿Qué sucede cuando además el deportista se implican musicalmente de forma activa y aprenden a tocar algún instrumento?

Pues lo primero de todo es que su capacidad de concentración aumenta considerablemente, así como la propiocepción, el manejo de los nervios y la adrenalina, la precisión del control corporal o la autoescucha. Además, antes del momento clave (pelea, partido, etc.) tocar un instrumento evade mentalmente y relaja, al mismo tiempo que baja el pico de nervios y aumenta los niveles de concentración.

El campeón de boxeo Paquiao, toca el piano de forma regular

Además, al practicar regularmente un instrumento también mejoras la integración de información multimodal (motora, sensitiva, visual y auditiva). Dicho de una forma más sencilla, es como que haces que tus sentidos estén más coordinados y conectados entre sí. Al fin y al cabo, la coordinación y la simultaneidad de acciones es algo que los músicos trabajamos continuamente. Por esto, nuestro feedback sensorial y su conexión con la función motora es más alto que el de una persona no músico.

Ahora podemos hacernos una idea de por qué el gran boxeador Pacquiao exige tener un piano en su camerino. Otras estrellas del deporte que también le dan a las teclas son Lewis Hamilton, Alexis Sánchez, Neimar, Mariana Pajón (ciclista), Balotelli, Alejandro Lakatus (boxeador), Aaron Gordon (NBA) o el difunto boxeador Red Garland, quien incluso dejó los guantes por el piano.

Cris Rodriguez
Pianista profesional y profesora de conservatorio. Cofundadora de Maldito Piano. Cuando mi trabajo me dá tregua, me escapo a tocar por el mundo adelante para participar en proyectos alucinantes como el Jordan Rudess KeyFest o Rockin'1000. No sé vivir sin música,así que el tiempo que me queda se lo dedico a estos tutoriales.

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