Ranking de errores al piano

Es muy fácil cometer errores al piano, especialmente cuando se está empezando. No hay que pensar que es cosa de uno, todos nosotros, absolutamente todos, hemos cometido errores. Incluso tus ídolos.

Tanto es así, que tratamos de recopilar los más comunes para crearos este ranking. Obviamente, cada persona es un mundo y seguro que igual no te pasó alguna de las cosas de la lista o al revés, que cometiste errores que no hemos incluido aquí. En cualquier caso, estos son los errores más comunes con los que solemos tropezar.

1 – Una mala postura/posición corporal.

Típico. Empiezas a aprender a tocar el piano o el teclado y tu preocupación son los sonidos, el dedo que tienes que poner en cada tecla… y ni caso a tu espalda, brazos, hombros… Y claro, pasado un tiempo estás crujid@ por todos lados.

Por otro lado, tampoco estamos diciendo que por mantener una correcta posición corporal ya no se vaya a tener nunca jamás un solo dolor muscular, pero sí que evitarás lesiones, contracturas y problemas mayores.

Acuérdate de buscar la altura adecuada, un acercamiento al piano oportuno sin pegarse demasiado a él, espalda recta, hombros relajados… y sobre todo, haciéndole caso a las correcciones de tu profesor/a, por raras que puedan parecer.

2 – Olvidarnos del metrónomo.

Algunas personas no es que se olvidan, directamente lo odian y lo ignoran a partes iguales.

Es comprensible que al principio cueste e incluso desespere, pero es fundamental adquirir el hábito de estudiar con metrónomo. Necesitamos mejorar la estabilidad rítmica, la igualdad, estabilizar las velocidades, los pulsos… y todo eso sin trabajar con el metrónomo no se logra.

Acuérdate de practicar con él y de ir aumentando la velocidad progresiva y lentamente, sin grandes subidas súbitas.

3 – Digitaciones malísimas.

Este error es mucho más frecuente de lo que puede parecer. Y es totalmente comprensible que pase, sobre todo en la temporada inicial, especialmente si se está aprendiendo de una forma autodidacta.

Además, las apps de aprendizaje pianístico tienen mucha culpa de que esto pase. Nos animan a tocar melodías conocidas sin importar el cómo se toquen y esto causa estragos a la larga.

Otro problema asociado es cuando la digitación que nos parece más obvia a priori, luego resulta ser la incorrecta y tardamos en darnos cuenta. De hecho, muchas veces no nos damos cuenta hasta que tratamos de ir aumentando la velocidad, o llevamos mucho tiempo atascados en lo mismo sin poder avanzar. Lo peor es que una vez afianzado el fallo, es mucho más complicado corregirlo o volver a empezar.

Por lo general, recuerda que siempre es mejor una digitación que no implique demasiados saltos, giros o cambios de posición. Es mejor que la mano permanezca lo más estática y colocada posible.

4 – No establecer unos horarios o rutinas de estudio.

Esto es fundamental ya que los conocimientos musicales solo se asientan con práctica. Además se suelen olvidar con facilidad y, precisamente por eso, es preferible estudiar un poco cada día y no estudiar 5 horas un día y luego pasar 5 días sin volver a tocar.

Se trata de ir afianzando contenidos, mejorando técnicamente, evolucionando… y eso solo lo lograremos estableciendo unas rutinas de estudio.

5 – No descansar lo suficiente.

Parecido al punto anterior, es necesario acostumbrarse a realizar descansos e incorporarlos en nuestras rutinas de estudio.

Hacer largas jornadas de estudio sin descansos no solo nos agota mentalmente, sino que los músculos y las articulaciones también se resienten. No se trata de hacer una única sesión de práctica en el día. En vez de eso, haz sesiones más cortas, separadas por pequeños descansos. Tu cuerpo y tu mente te lo agradecerán.

6 – Esconder el teclado. no tenerlo a la vista.

Piénsalo. Si estás empezando, el metrónomo no lo tragas, no te das adaptado a eso de tener que tocar a diario y encima tienes el teclado bien guardado o medio escondido en un rincón… Así no practicarás. En cambio si lo tienes a la vista, es más fácil que no lo dejes pasar y te pongas a practicar aunque sea unos minutos al día.

7 – Tocar muy rápido y pretender avanzar también a la velocidad de la luz.

Otro de los más típicos. Conoces la melodía de la canción y pretendes tocarla ya desde el primer momento tal cual como en el disco y, como es lógico, no va a dar resultado y te frustrarás.

Además, muchas veces la velocidad a la que se pretende tocar no es real ya que no tiene igualdad. No se mantiene el pulso estable, por momentos se corre más y en otros menos, se hacen paradas… y lo que es peor, se pasan por alto fallos que, al repetirlos una y otra vez, se convierten en vicios que luego es muy complicado y costoso remediar.

Acuérdate de empezar a estudiar despacio, siendo consciente de todos tus movimientos y de cada cosa que haces y por qué la haces. Luego, con la ayuda del metrónomo, ve aumentando paulatinamente el tempo. Así es como se hace para que el aprendizaje sea efectivo y poder obtener los mejores resultados. Incluso si la pieza es en prestísimo, debemos comenzar a estudiarla muy despacio. Si tocas bien, la velocidad llegará prácticamente sola.

8 – No preparar la técnica.

¿Tú estudias técnica a parte o solo tocas obras? Típico debate. Lamentablemente, si pretendes tocar bien las obras (especialmente las de elevada dificultad) necesitas prepararte una buena base técnica.

Precisamente hablamos de esto en las entrevistas que les hicimos a Achúcarro y a Javier Vázquez Grela. En resumen, su justificación era que no puedes esperar a que te aparezcan escalas en un concierto de Mozart para aprenderlas. Porque además, el concierto de Mozart no te va a enseñar sus digitaciones, la técnica digital ni nada de lo necesario para hacerlas correctamente. Y lo mismo sucede con las octavas, los arpegios o cualquier otro elemento técnico.

Debemos dedicar un tiempo de nuestro estudio a mejorar la técnica y a fortalecer las manos. De lo contrario, siempre tendremos limitaciones.

9 – Elegir piezas demasiado complicadas.

Aunque hay personas que se motivan y disfrutan con los retos, la mayoría de los mortales nos frustramos cuando algo no nos sale. Y eso es justo lo que pasa cuando elegimos las obras o canciones porque nos gustan al oírlas pero no consideramos sus dificultades técnicas.

Lo recomendable es consultar con un profesor/a de piano y elegirlas en función de nuestro nivel y gustos. A partir de ahí, ir incrementando la dificultad de las obras escalonadamente, para que el aprendizaje sea paulatino, motivador, y sobre todo, sin frustraciones y sin abandonar el piano.

10 – No saber leer partituras.

«Yo no necesito profesor», «el piano tiene pinta de ser fácil y yo soy muy list@ y aprenderé por mi cuenta seguro», «hoy en día con estos vídeos de un piano con lucecitas en YouTube ya te aprendes la canción y solo necesitas dos dedos»… Podría continuar poniendo frases así pero creo que la idea ya se capta de sobra.

Muchas apps y vídeos que pululan por Internet han hecho estragos en la música y en el proceso de enseñanza-aprendizaje. ¿Si todos los pianistas utilizamos los 10 dedos qué te hace pensar que tocar solo con dos es hacerlo bien y que la canción te está sonando como la original?

A veces es simplemente utilizar el sentido común y ya obtenemos la respuesta correcta. Ni se va a aprender a tocar el piano en 2 días, ni se puede tocar la Apasionata de Beethoven con dos dedos.

Y centrándonos en el enunciado de este punto, el no leer partituras nos limita igual que tener una técnica deficiente. Te falta parte del código. Sí que ha habido músicos que no sabían música pero son casos excepcionales. Leyendo partituras te abres muchas más puertas y aprenderás y avanzarás más rápido y sin limitarte. Por no hablar del tener que esperar a que salga la canción que te gusta en la app de las lucecitas…

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