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Las clases magistrales de Franz Liszt

Las clases magistrales de Franz Liszt supusieron un hito en la pedagogía musical de la época. Comenzó a impartir sus clases en Weimar en 1869 y pronto se hicieron mundialmente famosas. A día de hoy siguen vigentes muchos de sus conceptos y planteamientos.

La metodología que Liszt empleaba ha llegado a nuestros días gracias a diversos escritos, cartas y diarios que se conservan de sus alumnos. El diario de August Göllerich o el de Carl Lachmund son un buen ejemplo de ello.

La selección de sus alumnos

Eran muchísimos los alumnos que se presentaban como candidatos a las clases magistrales de Franz Liszt; muchos de ellos con cartas de recomendación de personajes importantes. Sin embargo, Liszt nunca hacía caso a las recomendaciones.

Todos los alumnos tenían que hacer una audición delante de Liszt para que este los seleccionase o no. Parece ser que muchos no tenían el nivel adecuado y Liszt les recomendaba pasarse por el conservatorio para aprender a seguir las indicaciones de las notas y las dinámicas.

A pesar de la dificultad para entrar en sus clases, Liszt no cobraba nada a sus alumnos por ellas. El gozaba de una cómoda posición económica y se preocupaba de que sus alumnos no sufriesen estrecheces por culpa del dinero.

Clases grupales y competitivas

Las clases magistrales de Franz Liszt siempre eran en grupo y en ellas fomentaba la competitividad entre los alumnos. Liszt pensaba que enfrentar a los alumnos haciendo que tocasen unos frente a otros, era el mejor método para mantenerlos motivados y en atención constante.

Según el propio Liszt, este era el mejor método para que sus alumnos alcanzasen el máximo nivel y, además, le proporcionaba una serie de beneficios:

  • Como profesor no tenía que repetir una y otra vez conceptos técnicos como digitación, fraseos o el uso del pedal, ya que todos los alumnos escuchaban a la vez sus explicaciones.
  • Al trabajar un tema, el alumno oyente puede sacarle tanto partido a la clase como el alumno que toca. Incluso un alumno que nunca hubiese tocado ese tema, estaría mejor preparado para prepararlo.
  • Incluso el mejor profesor, puede tener un mal día. Este sistema permitía a todos los alumnos enriquecerse incluso en uno de esos días.
  • Por último y más importante, este método permitía a los alumnos enfrentarse a sus peores críticos, lo que les ayudaba a ganar confianza en su interpretación.

Su sistema pedagógico

Al llegar a clase, cada alumno debía dejar la partitura de la obra que estuviese trabajando sobre una mesa. Entonces llegaba Liszt, echaba un vistazo y elegía la obra que creyese oportuno. El alumno que estuviese preparando esa obra sería quien se sentase al piano y los demás serían los oyentes.

Antes de que el alumno comenzase a tocar, Liszt siempre daba unas anotaciones introductorias. Cabe destacar que el repertorio que Liszt dominaba era extensísimo e incluía, entre otros, la obra de Bach, Mozart, Beethoven, Mendelssohn, Schumann, Chopin, Brahms, Henselt, Rubinstein, etc. Solo había dos obras prohibidas en sus clases: su propia Rhapsodia Húngara Nº2 y el Scherzo en si bemol menor de Chopin. Estaban prohibidas los alumnos siempre la incluían en sus repertorios, por lo que le resultaba muy repetitivo.

Curiosamente, en sus clases apenas se centraba en aspectos técnicos, aunque sus alumnos mostrasen alguna debilidad al respecto. Odiaba las interpretaciones mecánicas o sin alma, por lo que ponía especial énfasis en la calidad del sonido y la variedad de matices de su interpretación.

Por supuesto, los alumnos tenían un gran ejemplo de técnica en cada una de las interpretaciones del maestro, que superaba sin problema los pasajes de mayor dificultad. En este aspecto, tenían que aprender por imitación.

Según sus alumnos, el éxito de Liszt como profesor se debía a cinco cualidades de su pedagogía: paciencia y comprensión, interés por sus alumnos, amabilidad, motivación y una buena disposición acompañada siempre de buen humor. Cualidades que todo buen profesor debería de tener.

Agus Rodríguez
Creador de contenidos online y experto en marketing digital y RRSS. Cofundador de Maldito Piano. Amante del deporte y la buena comida. La música me ayuda a viajar cuando mi presupuesto no me lo permite.

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