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Cuarteto para el fin de los tiempos, de Messiaen

¿Puede nacer la música en un entorno tan hostil como un campo de prisioneros nazis? ¿Puede surgir la belleza entra la muerte y el dolor? Y, en caso de que nazca una composición así, ¿estará marcada por el odio y el sufrimiento?. Te contamos la historia del Cuarteto para el fin de los tiempos, de Olivier Messiaen.

Un brote de vida, entre tanta desolación.

El 10 de mayo de 1940, Alemania abría fuego contra Francia, comenzando así su invasión, que se conocería como La Batalla de Francia. El ejercito nazi tardaría solo 6 semanas en conquistar Francia. Uno de los soldados que defendían su país era Messiaen, que fue capturado y enviado al campo de prisioneros Stalag VIII-A, perteneciente a la actual Zgorzelec, Polonia.

Camino al campo de prisioneros, Messiaen coincidió con el clarinetista Henri Akoka, a quien le enseñó los bocetos de lo que acabaría siendo el tercer movimiento del Cuarteto para el fin de los tiempos: Abismo de pájaros.

En el campo de prisioneros se encontraría con otros dos músicos: Jean le Boulaire (violinista) y Ètienne Pasquier (chelista). Messiaen escribió un trío para sus tres compañeros músicos, gracias a un poco de papel pautado y un lápiz que les proporcionó un guardia (quien también le facilitaría un lugar para trabajar). Esa pieza se convirtió en cuarteto, al incorporar un piano, que el propio Messiaen se encargaría de interpretar.

A los cuatro músicos se les permitió estrenar su obra el 15 de enero de 1941. Pasaron las navidades anteriores practicando siempre que podían. Las notas de color que salían de sus decrépitos instrumentos, no podían contrastar más con la vida gris en el campo de prisioneros.

El día del estreno llegó. El escenario no era más que los exteriores del campo, donde unas 400 personas entre guardias y prisioneros, esperaban expectantes bajo el frío y la lluvia. El panorama no podía ser más desolador: cuatro músicos envueltos en ropas raídas, preparaban sus instrumentos desvencijados. Alambradas y barracones alrededor de todos y, de frente, la perspectiva de la victoria nazi en la guerra y el desánimo general. Y de repente brotó la magia. Durante aproximadamente 50 minutos, la música lleno los oídos y los corazones de los presentes con cantos de pájaros, los colores del arcoíris, la belleza y la esperanza.

Al terminar la interpretación, los presentes aplauden con todas sus fuerzas. La música nunca había sido tan necesaria como en aquellos momentos. Más tarde, Messiaen recordará al público de ese momento: «Nunca fui escuchado con tan profunda atención y comprensión«.

Enredo de arcoíris, para el ángel que anuncia el fin de los tiempos

Cabría pensar que una obra compuesta en pleno campo de prisioneros, con la idea de que los nazis ganarían la guerra en la cabeza, debería de ser bastante oscura. El título, Cuarteto para el fin de los tiempos, también parece sugerir un tono tétrico. Para colmo, Messiaen se basó en un pasaje del Apocalipsis para componer su obra. Sin embargo, se trata de una pieza llena de luz, color y esperanza.

Massiaen era un compositor con una visión del mundo muy particular, algo que se reflejaba en su música. Su vida se define por una profunda fe cristiana y una gran admiración por la naturaleza en general y los pájaros en particular. Sus dos otras grandes influencias fueron el hinduismo y su amor por el color instrumental, probablemente por sufrir sinestesia.

Es, precisamente, su particular modo de vivir la fe, lo que convierte el apocalipsis en algo lleno de luz, color y naturaleza.

Cuarteto para el fin de los tiempos se estructura en ocho movimientos. Quizás sea su séptimo movimiento, Enredo de arcoíris, para el ángel que anuncia el fin de los tiempos, el que más contrasta entre el episodio tradicional del Apocalipsis y la visión de Messiaen.

Este movimiento narra la aparición del ángel que, con su espada en llamas, anuncia el fin de los tiempos. Messiaen soñaba con este anuncio del ángel, pero lo hacía de una manera muy particular. En sus sueños, los colores de la espada de fuego, la lava de las explosiones, las estrellas fugaces…se unían para formar un arcoíris. De esta manera, un anuncio terrible se convierte en un símbolo de paz y esperanza. En sus sueños también veía y escuchaba acordes, melodías, colores y formas. Este movimiento es el resultado de esos sueños.

Messiaen pronto se vio en la necesidad de crear un nuevo lenguaje musical para expresar su particular forma de ver el mundo. Este movimiento alterna picos caóticos, casi disonantes, más propios del concepto tradicional del Apocalipsis con partes más calmadas, con elementos casi oníricos, llenos de luz y color, que tienen que ver con la visión particular de sus sueños.

Agus Rodríguez
Creador de contenidos online y experto en marketing digital y RRSS. Cofundador de Maldito Piano. Amante del deporte y la buena comida. La música me ayuda a viajar cuando mi presupuesto no me lo permite.

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