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La catedral sumergida de Debussy

Cuenta la leyenda que, por las mañanas, frente a las costas de la isla de Ys, se eleva una catedral que está sumergida en el mar. Si cierras los ojos, a lo lejos, puedes oír el canto de los sacerdotes, el sonido del órgano y el repique de campanas. Hoy en «Te cuento una obra», la catedral sumergida de Claude Debussy.

Estamos ante el 10º preludio del primer libro de los preludios de Debussy. La catedral sumergida se basa en una antigua leyenda bretona que cuenta como la catedral de la mitológica isla de Ys se hundió en el mar como castigo a pecados de los habitantes la isla. Cada mañana, la catedral emerge del mar y vuelve la actividad a ella para, poco a poco, volver a hundirse.

A pesar de lo interesante de la leyenda, Debussy no se esfuerza en explicárnosla, como harían otros autores. Él se centra en transmitirnos las sensaciones que transmitiría esa catedral surgiendo del mar.

Debussy es un compositor clave para entender el impresionismo. Y en el impresionismo no importa tanto reflejar la realidad (o en este caso la leyenda), como las sensaciones que esa realidad nos provoca. Tanto es así, que Debussy coloca los títulos de sus preludios al final de la partitura, no al principio de esta como es lo normal. Esto lo hacía porque su intención es transmitir ciertas sensaciones al oyente y que sea este el que se acerque al título propuesto, sin ninguna predisposición de antemano.

De la misma manera que los pintores impresionistas pintaban con brochazos de color, Debussy compone su obra en base al color que consigue con la armonía y a cambios en el ritmo, los intervalos y el registro.

Desde el principio de la obra, Debussy nos traslada al fondo de un mar en calma, con una melodía muy sencilla, llena de sonoridades acuáticas.

Enseguida notamos que algo mágico empieza a pasar en ese mar tranquilo. La catedral emerge, pero no como un cataclismo, si no de una manera muy orgánica. Unos fuertes acordes al piano nos transmiten la solidez y pesadez de los muros de una catedral. Sin embargo, la melodía no deja de ser ligera y ascendente, hasta llegar al clímax. La catedral ha emergido.

Tras un silencio, llegamos a una segunda parte en la que casi podemos escuchar la tranquila y sosegada actividad diaria de una catedral. Finalmente, Debussy compone una tercera parte que funciona casi al revés de la primera. Regresa la calma de las profundidades del océano, la catedral vuelve a hundirse.

Agus Rodríguez
Creador de contenidos online y experto en marketing digital y RRSS. Cofundador de Maldito Piano. Amante del deporte y la buena comida. La música me ayuda a viajar cuando mi presupuesto no me lo permite.

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