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Beethoven no escribía en piedra

Tendemos a considerar las partituras de música clásica como una guía que hay que seguir al pie de la letra para interpretar una obra. No hay hueco para la más mínima variación. Deja la improvisación para los músicos de jazz. Esa es la idea que han difundido durante décadas la mayoría de los conservatorios, generando alumnos brillantes a la hora de seguir una partitura, pero que carecen de un mínimo de creatividad musical.

En tiempos de Beethoven, un músico así no sería más que un aficionado. A principios del siglo XIX, a cualquier pianista que se preciase se le suponía una destreza técnica y un dominio de la musicalidad, pero lo que distinguía a un pianista experto era su capacidad de improvisar. En aquella época, todo músico debía rellenar las partituras que tocaba con adiciones personales, especialmente en las cadencias de los conciertos, en las que cada pianista tocaba una diferente hecha por él mismo.

Resulta difícil explicar el por qué de este cambio de mentalidad, sobre todo porque no obedece a una única causa. Aún más difícil resulta volver al origen de la esencia del músico, principalmente porque no tenemos demasiada información de cómo se improvisaba.

En el caso de Beethoven, contamos con sus partituras y muchos datos de su técnica pianística, pero muy pocos testimonios de su manera de improvisar. Además, en algunos casos, los testimonios que tenemos resultan contradictorios. Aún así, cada vez son más los músicos y musicólogos que se alejan de lo canónico para intentar acercarse a la figura de Beethoven de una manera más completa.

Tal es el caso del pianista Gianluca Cascioli, que acaba de grabar su Concierto Número 4, con el sello Harmonia Mundi. Para grabarlo, ha tratado de acercarse lo más posible a la manera de interpretar de Beethoven, a partir de manuscritos, tratados y otros testimonios coetáneos al compositor. Incluso llegó a analizar partituras con anotaciones del propio Beethoven.

El pionero en acercarse de esta manera creativa a la figura de Beethoven fue, quizás, el pianista y compositor Frederic Rzewski. Rzewski registró en directo sus propias versiones de las sonatas Hammerklavier y Appasionata con fermatas y ornamentaciones improvisadas, además de una comprensión retórica del tempo y la dinámica. Como era de esperar, este hecho le valió un buen número de detractores.

Pero también inició un camino que otros seguirían. Tal es el caso del pianista y musicólogo Luca Chiantore, que con su proyecto InVERSIONS profundiza en la investigación sonora de grandes músicos clásicos, entre los que figura Beethoven. El primer resultado de este proyecto fue un disco con interpretaciones experimentales de las sonatas Claro de Luna y Waldstein, con variantes de Beethoven localizadas en sus manuscritos y aportaciones personales.

Parece que cada vez son más intérpretes y musicólogos los que se inclinan por este tipo de interpretación más abierta de los clásicos. Aún así, muchos de los que se llaman a sí mismos «puristas», critican esta forma de interpretar. Dado el trabajo de investigación y de búsqueda de la esencia de la música de esta corriente, quizá deberíamos de replantearnos lo que el término «purista» significa.

Agus Rodríguez
Creador de contenidos online y experto en marketing digital y RRSS. Cofundador de Maldito Piano. Amante del deporte y la buena comida. La música me ayuda a viajar cuando mi presupuesto no me lo permite.

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